Hola, soy el Dr.Alexandro Ferreti y el 3 de mayo de 2024, exactamente a las 2:47 de la madrugada, vi algo que destruyó completamente mi visión materialista del mundo.

Un anciano de 87 años llamado Giuseppe Marchetti dejó de respirar en mi turno de guardia en el hospital San Rafaele de Milán.
Su monitor cardíaco emitió ese sonido continuo y plano que todo médico conoce, el sonido que significa que ya no hay más tiempo, que la muerte ha llegado.
Yo había visto morir a cientos de personas en mis 15 años como médico de cuidados intensivos.
La muerte era mi compañera de trabajo, algo clínico, biológico, un proceso fisiológico donde el cuerpo simplemente se apaga como una máquina que agota su combustible.
No había misterio, no había alma, no había nada más allá, solo química, solo biología, solo el fin inevitable de un sistema orgánico complejo.
Pero esa noche, hermano, hermana, mientras corría hacia la habitación 312 con mi equipo de emergencia, mientras preparábamos el desfibrilador y las dosis de epinefrina, vi algo que no tiene explicación médica, que no aparece en ningún libro de medicina, que desafía todo lo que me enseñaron en la universidad.
Había alguien más en esa habitación.
Un joven de aproximadamente 15 años, vestido con una sudadera azul de Pokémon y jeans desgastados.
estaba parado junto a la cama de Yusepe con una mano sobre su frente.
La habitación estaba bañada en una luz dorada que no venía de ninguna fuente visible, una luz que era a la vez física y completamente imposible según las leyes de la óptica.
El joven me miró directamente a los ojos y sonrió con una paz que nunca había visto en un ser humano.
“Ajandro”, dijo mi nombre con una voz clara que de alguna manera se escuchaba por encima del caos de las alarmas y los gritos de las enfermeras.
“¿Todavía recuerdas lo que te dije hace 18 años en aquel café de Milán? Te dije que un día verías con tus propios ojos lo que te negabas a creer.
Este es ese día.
Mi corazón casi se detuvo.
Ese rostro, esa voz, esa sudadera de Pokémon.
Era Carlo Acutis, el chico que había conocido en el verano de 2006, el chico que había muerto de leucemia el 12 de octubre de ese mismo año, el chico que había estado tratando de olvidar durante casi dos décadas porque su simple existencia cuestionaba todo en lo que yo creía.
Resucítalo”, me dijo Carlo con una autoridad tranquila, pero absoluta.
Yusepe tiene una misión que cumplir.
Su nieta necesita escuchar algo que solo él puede decirle.
Tiene 7 minutos exactos antes de que el daño cerebral sea irreversible.
Hazlo, Alesandro.
Cumple tu parte.
Antes de que pudiera procesar lo que acababa de ver y escuchar, Carlo desapareció.
La luz dorada se desvaneció instantáneamente.
La habitación volvió a ser una habitación normal de hospital con luz fluorescente, fría y blanca.
Pero algo había cambiado en mí en ese microsegundo.
Mi escepticismo inquebrantable se había fracturado.
Actué por puro instinto profesional.
“¡Carga a 200 julios!”, Grité mientras posicionaba las paletas del desfibrilador sobre el pecho desnudo y hundido de Yusepe.
Despejen.
El cuerpo del anciano se arqueó violentamente con la descarga eléctrica, pero el monitor seguía plano.
Nada.
300 julios.
Otra vez.
Segunda descarga.
El cuerpo se sacudió, pero el corazón no respondía.
Las enfermeras me miraban con esa expresión que conocía demasiado bien, la expresión que decía silenciosamente, “Doctor, ya es tiempo de dejarlo ir.
Ha tenido una vida larga, pero yo recordaba las palabras de Carlo.
Tiene 7 minutos exactos.
Miré el reloj.
2:49 de la madrugada.
Habían pasado 2 minutos desde que el corazón se detuvo.
Preparen epinefrina.
360 julios.
No vamos a rendiros.
Mi voz salió con una intensidad que sorprendió incluso a mi equipo experimentado.
Tercera descarga.
Cuarta, quinta.
El tiempo se distorsionaba.
Cada segundo parecía una eternidad mientras yo luchaba contra la muerte misma.
No solo con ciencia, sino con algo más, con una determinación que venía de un lugar que nunca había explorado antes.
2:53 de la madrugada.
6 minutos habían pasado.
Estábamos en el límite exacto que Carlo había mencionado.
Preparé una última descarga, sabiendo que si esto no funcionaba, tendría que declarar oficialmente la muerte y enfrentar el hecho de que había alucinado completamente en medio de una emergencia médica.
360 julios, última oportunidad.
El cuerpo de Yusepe se arqueó una vez más y entonces, hermano, hermana, escucha esto porque es importante.
El monitor emitió un pitido, uno solo, luego otro y otro.
Un ritmo sinusal normal, perfecto, imposible después de casi 7 minutos de paro cardíaco completo.
Juspe abrió los ojos, no de forma gradual como los pacientes que despiertan de sedación, sino instantáneamente, con total claridad y consciencia.
Me miró directamente y sus primeras palabras me helaron hasta el alma.
Dr.Ferretti, el joven de la sudadera de Pokémon, me dijo que le dijera algo.
Dijo, “Dile a Alesandro que dejó algo importante en el café Leonardo hace 18 años.
Es tiempo de que regrese a buscarlo.
Antes de continuar con esta historia que va a cambiar tu perspectiva sobre la vida y la muerte, quiero preguntarte algo, hermano.
Hermana, ¿desde dónde me estás viendo en este momento? ¿Estás en tu casa, en el trabajo? ¿En el transporte público? Déjame un comentario diciéndome desde dónde me escuchas, porque necesito saber que este mensaje está llegando a las personas correctas, a las personas que están listas para escuchar una verdad que la ciencia materialista no puede explicar.
Y si aún no estás suscrito a este canal, este es el momento perfecto para hacerlo, porque lo que voy a contarte en los próximos minutos sobre Carlo Acutis, sobre ese verano de 2006, sobre lo que realmente pasó en aquel café, Leonardo, va a mostrarte que los milagros no son cuentos religiosos para gente ingenua, son realidad tangible que está sucediendo ahora mismo en hospitales modernos con médicos formados en las mejores universidades.
Presiona ese botón de suscripción y activa la campanita porque necesitas escuchar el resto de esta historia.
Necesitas saber qué fue lo que dejé en aquel café hace 18 años y por qué Carlo Acutis, un chico que lleva muerto casi dos décadas, sigue apareciendo en habitaciones de hospital para traer personas de regreso de la muerte.
Para que entiendas completamente lo que pasó esa madrugada en la habitación 312, necesito llevarte 18 años atrás, al verano de 2006, cuando yo era un estudiante de medicina de 21 años, completamente convencido de que la ciencia tenía todas las respuestas y que la religión era simplemente un conjunto de supersticiones primitivas para gente que no podía aceptar la realidad de nuestra existencia finita y sin propósito tras ascendente.
Era julio de 2006, específicamente el 17 de julio, una tarde calurosa y húmeda en Milán.
Yo acababa de terminar un examen brutal de farmacología en la Universidad de Milán y había decidido ir al café Leonardo, un pequeño lugar cerca de la basílica de San Ambrosio, donde servían el mejor café expreso de la ciudad y donde los estudiantes íbamos a estudiar o simplemente a desconectar.
Me senté en mi mesa favorita junto a la ventana, saqué mi laptop y mis apuntes de anatomía patológica y pedí un dopio expreso con un corneto de crema.
Estaba completamente absorto en mis estudios cuando escuché una voz joven detrás de mí.
Disculpa, ¿está ocupada esta silla? Levanté la vista y vi a un chico de aproximadamente 15 años con cabello castaño despeinado, ojos cafés brillantes llenos de una alegría casi contagiosa y esa sudadera azul de Pokémon que años después vería en una habitación de hospital bañada en luz dorada imposible.
Traía una mochila llena de cables y lo que parecía ser equipo de computadora.
está libre”, le dije con indiferencia, volviendo rápidamente a mis apuntes sobre necrosis celular y apoptosis.
No me interesaba socializar, tenía exámenes, tenía que mantener mi promedio perfecto, tenía que demostrar que era el mejor estudiante de mi generación.
Pero Carlo, aunque yo aún no sabía su nombre, no captó mi señal de “Déjame en paz”.
se sentó con entusiasmo evidente y comenzó a sacar su laptop, una cámara digital, varios cables USB y lo que parecía ser un pequeño micrófono.
“Estoy trabajando en un proyecto”, me dijo con esa naturalidad desarmante que caracterizaba a los adolescentes genuinamente apasionados por algo.
Es un sitio web sobre milagros eucarísticos documentados alrededor del mundo.
¿Sabías que hay casos donde la consagrada se convirtió literalmente en tejido cardíaco humano? Y los análisis científicos lo confirmaron.
Yo lo miré con una mezcla de lástima y molestia apenas disimulada.
“Mira, chico”, le dije con el tono condescendiente de alguien que se cree más inteligente que los demás.
Estudio medicina, entiendo biología, química, física.
Los milagros son simplemente eventos que la gente no entiende científicamente.
Dale tiempo a la ciencia y todo se explica.
No hay nada sobrenatural, solo natural que aún no comprendemos completamente.
Carlos sonríó.
No fue una sonrisa defensiva o incómoda.
Fue una sonrisa de alguien que sabía algo que yo no sabía, de alguien que había visto cosas que yo me negaba a ver.
“¿Puedo mostrarte algo, Alesandro?”, preguntó usando mi nombre, aunque yo no se lo había dicho.
¿Cómo sabes mi nombre?, pregunté con desconfianza creciente.
Está en tu tarjeta de estudiante, señaló hacia mi mochila donde efectivamente mi credencial universitaria estaba visible en el bolsillo exterior.
Alesandro Ferreti, facultad de medicina, cuarto año.
¿Puedo mostrarte algo que podría interesarte desde tu perspectiva científica? Suspiré con resignación.
Tienes 5 minutos.
Tengo que estudiar.
Carlo abrió su laptop y me mostró una serie de documentos que había compilado meticulosamente.
Fotografías de laboratorio, reportes científicos, análisis histológicos de tejido.
Este es el milagro eucarístico del anciano.
Comenzó con el entusiasmo de alguien compartiendo su tesoro más preciado.
En el año 700 de C, durante una misa, la se convirtió en carne y el vino en sangre.
ha estado preservado durante más de 1300 años.
En 1970 la OMS autorizó análisis científicos exhaustivos.
me mostró los reportes.
El tejido es músculo cardíaco del miocardio, específicamente del ventrículo izquierdo.
El análisis de sangre mostró tipo AB positivo, el mismo tipo encontrado en la sábana de Turín y en otros milagros eucarísticos alrededor del mundo.
Los científicos confirmaron que es sangre humana real con todos los minerales y proteínas de sangre fresca, a pesar de tener más de 1000 años de antigüedad.
¿Cómo explicas eso científicamente, Alesandro? Yo examiné los documentos con ojo crítico.
No podía negar que parecían legítimos.
Había sellos oficiales, firmas de científicos reconocidos, análisis detallados.
“Debe haber contaminación de la muestra”, argumenté débilmente.
O preservación especial que no entendemos todavía.
Hay una explicación natural, siempre la hay.
Carlo asintió pacientemente.
“Muéstrame otro”, dijo mientras cambiaba a una carpeta diferente.
Buenos Aires, 1996.
Una consagrada manchada con sangre.
El cardenal Jorge Bergoglio, quien después sería el Papa Francisco, ordenó análisis científicos.
El Dr.Ricardo Castañón Gómez, un ateo boliviano, neurofisiólogo y psicoanalista, estudió la muestra sin saber su origen.
Me mostró fotografías microscópicas impresionantes.
El doctor Castañón llevó las muestras al Dr.
Frederick Sugibe, un reconocido cardiólogo y forense de Nueva York, tampoco revelando el origen.
¿Y sabes qué encontraron? tejido cardíaco humano vivo del ventrículo izquierdo, mostrando signos de inflamación aguda como si la persona hubiera sufrido trauma severo.
El tejido estaba vivo, Alesandro, tejido vivo en una que había estado guardada durante semanas.
Por primera vez sentí una pequeña grieta en mi certeza absoluta.
Es extraño admitir reluctantemente.
Pero tiene que haber una explicación, tal vez contaminación intencional, algún tipo de fraude elaborado.
¿Por qué alguien cometería fraude que puede ser desmantelado fácilmente con análisis científicos? Preguntó Carlo con lógica simple pero irrefutable.
Y por qué todos estos casos, separados por siglos y continentes, muestran exactamente el mismo tipo de tejido, el mismo tipo de sangre, las mismas características patológicas.
No tenía una buena respuesta.
Mi mente científica buscaba desesperadamente explicaciones materialistas, pero cada una sonaba más débil que la anterior.
Carlo vio mi lucha interna y suavizó su tono.
Alesandro, no te estoy pidiendo que abandones la ciencia.
Te estoy pidiendo que consideres que tal vez la ciencia no tiene todas las respuestas.
Tal vez hay una dimensión de la realidad que tus microscopios y tus ecuaciones no pueden capturar completamente.
Tú crees en todo esto porque fuiste criado en esa religión, le dije con un último intento de mantener mi posición defensiva.
Es adoctrinamiento cultural nada más.
Carlos se rió suavemente.
Mis padres no eran particularmente religiosos cuando yo era pequeño.
Empezaron a ir a misa regularmente porque yo los llevaba, no al revés.
¿Quieres saber por qué creo en la Eucaristía, Alesandro? Porque cuando tenía 7 años durante la adoración, tuve una experiencia que cambió mi vida para siempre.
Vi algo que no puedo explicar con palabras humanas, pero que sé con absoluta certeza que era real.
Desde entonces, Jesús en la Eucaristía es la persona más importante en mi vida.
Todo lo demás es secundario.
Había algo en la forma en que hablaba, en la certeza absoluta, sin arrogancia, en la paz profunda que emanaba de él, que me incomodaba profundamente.
“Eres muy joven para estar tan seguro de algo”, le dije, tratando de sonar sabio, pero en realidad sonando defensivo.
Y tú eres muy joven para estar tan cerrado a posibilidades que no encajan en tu paradigma científico actual”, respondió Carlo con una sonrisa que no tenía ni un ápice de hostilidad.
“Pero está bien, Alesandro, entiendo tu escepticismo.
De hecho, lo respeto.
La fe ciega sin cuestionamiento no vale mucho, pero déjame decirte algo que vas a recordar por el resto de tu vida.
” se inclinó hacia adelante con esa intensidad que años después vería en la habitación 312.
El 3 de mayo de 2024, exactamente en tu cumpleaños número 39, vas a estar trabajando en el turno de madrugada en el hospital San Rafaele.
Un anciano de 87 años va a tener un paro cardíaco completo.
Vas a intentar reanimarlo y te va a parecer imposible.
En ese momento yo voy a estar ahí contigo, aunque ya no esté en este mundo físicamente, y vas a entender todo lo que te estoy diciendo hoy.
Mi sangre se congeló.
¿Qué diablos estás diciendo? ¿Cómo puedes saber eso? ¿Quién eres realmente? Soy Carlo Acutis, respondió simplemente, “y tengo leucemia.
Los doctores me dieron unos pocos meses de vida, tal vez menos, pero antes de irme, Jesús me mostró algunas cosas sobre personas específicas que necesitan ver para creer.
Tú eres una de esas personas, Alesandro.
Eres un sanador natural, pero estás usando tu don desde un lugar de ego y materialismo.
Cuando veas lo que te voy a mostrar en 2024, todo va a cambiar.
Antes de que pudiera responder, antes de que pudiera procesar la bomba que acababa de lanzar, Carlos cerró su laptop calmadamente y comenzó a guardar sus cosas.
“Deja algo aquí”, dijo señalando la mesa.
“Algo personal que signifique mucho para ti.
Cuando regreses a buscarlo en 2024, vas a encontrar algo más importante que cualquier título médico.
” Estaba en shock total.
Sin pensar claramente, saqué de mi bolsillo un pequeño reloj de bolsillo que mi abuelo me había dado antes de morir.
Mi única posesión realmente valiosa sentimentalmente.
Lo puse sobre la mesa con manos temblorosas.
Carlo tomó el reloj, lo observó con cuidado y reverencia y luego lo guardó en su mochila.
Lo voy a dejar con el dueño de este café.
Le voy a decir que un amigo lo recogerá en muchos años.
Confía en mí, Alesandro.
Todo va a tener sentido.
Se levantó para irse, pero se detuvo un último momento.
Una cosa más.
Cuando ese anciano despierte después del paro cardíaco, va a decirte exactamente dónde está tu reloj.
Esa va a ser tu señal de que nada de esto fue casualidad, de que todo fue orquestado por alguien que te ama más de lo que puedes imaginar ahora mismo.
Y con eso, Carlo Acutis salió del café Leonardo.
Yo me quedé sentado ahí, paralizado, tratando de procesar lo que acababa de suceder.
Había realmente dado mi reloj más preciado a un adolescente extraño que afirmaba que iba a morir pronto y que me había dado una profecía específica.
sobre un evento 18 años en el futuro.
Antes de seguir contándote lo que pasó después, necesito que hagas algo por mí, hermano, hermana.
Si esta historia te está impactando, si estás sintiendo que tal vez hay más en la realidad de lo que tus ojos físicos pueden ver, presiona ese botón de “Me gusta ahora mismo.
” Y si conoces a alguien que es escéptico como yo era, que piensa que tiene todas las respuestas a través de la ciencia, comparte este video con esa persona porque tal vez necesita escuchar esta historia tanto como yo necesitaba vivirla.
Y aquí está la parte más poderosa.
Déjame un comentario diciéndome, Carlo Acutis, ruega por mí.
Si quieres que este santo moderno interceda por ti en cualquier situación que estés enfrentando ahora mismo, miles de personas han reportado milagros después de pedir la intercesión de Carlo.
No pierdes nada pidiéndole ayuda, pero podrías ganarlo todo.
Durante las siguientes semanas, después de aquel encuentro extraño en el café Leonardo, no podía sacar a Carlo Acutis de mi mente.
Su rostro aparecía constantemente en mis pensamientos mientras estudiaba anatomía, mientras practicaba suturas en el laboratorio, mientras cenaba con mis compañeros de clase, que solo hablaban sobre calificaciones, fiestas y conquistas románticas superficiales.
Lo que más me perturbaba no era la profecía imposible que había hecho sobre mi futuro.
Eso podía descartarlo como delirio de un chico enfermo con leucemia.
Lo que realmente me carcomía por dentro era la paz absoluta que había visto en sus ojos, esa certeza inquebrantable sobre algo invisible e intangible, esa alegría genuina que no dependía de circunstancias externas favorables.
Yo tenía todo lo que la sociedad dice que necesitas para ser feliz.
Estaba estudiando una carrera prestigiosa, tenía buena salud, tenía amigos.
Tenía una novia hermosa llamada Valentina, que estudiaba arquitectura.
Pero debajo de toda esa fachada de éxito había un vacío profundo que ni siquiera me atrevía a reconocer conscientemente.
Me despertaba cada mañana con una sensación de absurdidad existencial.
Si somos solo accidentes cósmicos condenados a desaparecer en la nada eterna, ¿qué sentido tiene todo esto realmente? Carlo, con su leucemia terminal y sus meses contados de vida, parecía más vivo, más lleno de propósito genuino que cualquier persona exitosa y saludable que yo conociera.
Intenté buscarlo.
Fui al café Leonardo varias veces esperando encontrarlo nuevamente, pero nunca apareció.
Le pregunté al dueño del café, el señor Leonardo, para quien el café llevaba su nombre, si había visto al chico de la sudadera de Pokémon.
Ah, sí, Carlo,” respondió con una sonrisa afectuosa.
Viene a veces a trabajar en su computadora.
Es un buen chico, muy educado.
Siempre habla sobre Jesús y la Eucaristía.
Dejó algo para ti en mi oficina, un reloj de bolsillo.
Dijo que vendrías a buscarlo algún día, pero que aún no era el momento.
Mi corazón latió con fuerza.
Entonces todo había sido real.
Carlo había guardado mi reloj como había prometido.
¿Puedo recogerlo ahora?, pregunté con urgencia.
El señor Leonardo negó con la cabeza.
Me hizo prometer que solo te lo daría cuando vinieras específicamente a buscarlo después de algo importante que pasaría en tu vida.
No me dio más detalles, pero fue muy claro en sus instrucciones.
Parecía saber exactamente lo que estaba haciendo.
Pasaron las semanas y llegó agosto.
Era el 15 de agosto de 2006, la fiesta de la Asunción de María.
Aunque en ese momento esa fecha no significaba absolutamente nada para mí.
Estaba caminando por el centro de Milán cuando vi una multitud reunida afuera de la basílica de San Ambrosio.
Había una procesión religiosa, gente cantando, sacerdotes con vestimentas ceremoniales, llevando una estatua de la Virgen María.
Normalmente habría seguido caminando con indiferencia con descendiente, pero algo me hizo detenerme y entonces lo vi.
Carlo Acutis estaba entre la multitud con las manos juntas en oración, con lágrimas corriendo silenciosamente por su rostro mientras miraba la estatua de María con una devoción que era casi dolorosa de presenciar.
Me acerqué a él lentamente.
Cuando me vio, su rostro se iluminó con una sonrisa brillante a pesar de las lágrimas.
Alesandro, dijo con genuina alegría.
Sabía que te encontraría hoy.
Jesús me lo dijo en oración esta mañana.
No sabía qué decir.
Carlos, ¿estás llorando? ¿Estás bien? ¿Cómo está tu salud? Estoy perfecto, respondió con una convicción que contradecía su apariencia física deteriorada.
Estaba más delgado que cuando lo había visto en julio, más pálido, con ojeras profundas.
Físicamente me estoy muriendo, es verdad.
Los doctores dicen que tal vez me quedan semanas, un par de meses si tengo suerte, pero espiritualmente nunca he estado más vivo.
¿Quieres caminar conmigo? Asentí sin palabras y comenzamos a caminar juntos, lejos de la procesión, por las calles adoquinadas del centro histórico de Milán.
¿Por qué llorabas?, pregunté finalmente.
Carlos sonrió con esa paz que tanto me desconcertaba.
Porque la Virgen María es mi madre celestial y la amo más de lo que puedo expresar con palabras humanas.
Cuando miro su imagen, no veo solo una estatua.
Veo a la madre que intercede constantemente por todos nosotros, que lleva nuestras oraciones directamente a su hijo.
Y me emociona pensar que muy pronto voy a conocerla personalmente en el cielo.
“¿No tienes miedo de morir?”, Pregunté con la fascinación morbosa de alguien que ve la muerte solo como el fin absoluto.
Para nada, respondió Carlo con total sinceridad.
La muerte es solo una transición, Alesandro.
Es como cerrar un libro maravilloso para abrir otro aún mejor.
Tengo 15 años.
Sí, hay muchas cosas que nunca voy a experimentar en esta vida terrenal.
Nunca voy a tener novia.
Nunca voy a conducir un auto.
Nunca voy a ir a la universidad.
Nunca voy a tener hijos propios, pero voy a tener algo infinitamente mejor.
Voy a estar en la presencia directa de Dios por toda la eternidad.
¿Cómo podría tener miedo de eso? Sus palabras me golpearon como puñetazos.
Yo, con mi vida larga por delante y mis planes ambiciosos, me sentía constantemente ansioso, insatisfecho, vacío.
Él, con semanas de vida restantes, irradiaba una paz.
que yo ni siquiera podía imaginar alcanzar.
“¿Cómo haces eso, Carlo?”, pregunté con voz quebrada.
“¿Cómo puedes estar tan en paz cuando todo está siendo arrebatado de ti?” Carlos se detuvo y me miró directamente a los ojos con una intensidad que penetraba mi alma.
“Porque nada me está siendo arrebatado, Alesandro.
Mis padres, mi familia, mis amigos, mi vida, todo eso fue siempre un regalo temporal.
Yo nunca lo poseí realmente.
Vino de Dios y regresa a Dios.
Pero hay algo que nadie puede quitarme, algo que es eternamente mío.
Mi relación con Jesús en la Eucaristía, eso va más allá de la muerte.
Eso es lo único real y permanente.
Comenzamos a caminar nuevamente y llegamos a una pequeña iglesia que nunca había notado antes, la iglesia de San Mauricio al monastero Mayore.
¿Tienes unos minutos?, preguntó Carlo.
Quiero mostrarte algo importante.
Entramos a la iglesia y quedé absolutamente impactado.
Las paredes estaban cubiertas de frescos renacentistas impresionantes.
Carlos sonrió al ver mi asombro.
La llaman la capilla sixtina de Milán.
Es hermosa, ¿verdad? Pero no te traje aquí por los frescos, aunque son magníficos.
Te traje aquí por él.
Señaló hacia el tabernáculo en el altar una pequeña caja dorada donde los católicos guardan las hostias consagradas.
Ahí está Jesús físicamente presente, Alesandro, no simbólicamente, no metafóricamente, físicamente.
Su cuerpo, sangre, alma y divinidad bajo la apariencia de pan.
Es el regalo más grande que pudo darnos, quedarse con nosotros de forma tangible hasta el fin de los tiempos.
Carlo, eso es biológicamente imposible”, argumenté débilmente, aunque mi convicción estaba comenzando a tambalearse.
“Mira”, dijo Carlo mientras se arrodillaba en uno de los bancos, invitándome con un gesto a hacer lo mismo.
“Toda tu vida científica está basada en cosas que son imposibles hasta que entiendes las leyes que las gobiernan.
” Hace 200 años era imposible volar, imposible hablar con alguien al otro lado del mundo, imposible ver dentro del cuerpo humano sin abrirlo.
Pero esas cosas no eran realmente imposibles.
Simplemente no entendíamos todavía las leyes naturales que las permitían.
Me arrodillé a su lado, sintiéndome ridículo, pero también extrañamente abierto.
¿Y qué ley gobierna la Eucaristía? La ley del amor omnipotente”, respondió Carlos simplemente.
Dios es amor infinito.
El amor verdadero siempre quiere estar presente con el amado.
Dios nos ama tanto que encontró la forma de estar físicamente presente con nosotros cada día en cada Iglesia católica del mundo.
¿Es eso más imposible que el Big Bang creando el universo entero de la nada? Es más imposible que la conciencia emergiendo de materia inerte.
Tu ciencia ya acepta cosas imposibles, Alesandro.
Solo tienes miedo de aceptar esta en particular porque requiere respuesta personal.
Nos quedamos en silencio durante varios minutos.
La iglesia estaba casi vacía, excepto por una anciana rezando el rosario en la esquina.
Por primera vez en años cerré los ojos e intenté abrirme a la posibilidad de que hubiera algo más que materia y energía en el universo.
No sentí nada dramático, no vi visiones ni escuché voces, pero sí sentí una quietud profunda, un silencio que era más que ausencia de ruido, un silencio que parecía estar vivo de alguna manera misteriosa.
Y en ese silencio, por primera vez en mi vida adulta, consideré seriamente la posibilidad de que tal vez, solo tal vez, Carlo tenía razón.
Después de unos 20 minutos, Carlos se levantó y yo hice lo mismo.
¿Sentiste algo?, preguntó con curiosidad genuina, no con expectativa manipulativa.
“No estoy seguro, admití honestamente.
Sentí algo, no sé qué fue.
” Carlos sonrió con satisfacción.
Eso es suficiente por ahora.
Las semillas más importantes crecen lentamente.
No necesitas una conversión dramática instantánea, Alesandro.
Solo necesitas estar abierto, seguir buscando honestamente.
Salimos de la iglesia y caminamos hacia una cafetería cercana.
Carlo pidió un cappuchino y un croazán de chocolate.
Yo pedí un expreso doble.
Mientras esperábamos nuestras órdenes, Carlos sacó su laptop de su mochila eterna.
“Quiero mostrarte algo más sobre mi proyecto”, dijo con entusiasmo juvenil.
He documentado 153 milagros eucarísticos verificados hasta ahora, cada uno con fotografías, testimonios, análisis científicos cuando existen.
Es mi forma de compartir este regalo con el mundo.
Cuando me vaya, quiero que este sitio web siga evangelizando.
Quiero que personas escépticas como tú tengan acceso a esta información.
me mostró su trabajo y era genuinamente impresionante.
La organización era profesional, las fuentes estaban cuidadosamente citadas, las fotografías eran de alta calidad.
“Aprendí programación yo solo”, me dijo con modestia, con tutoriales en línea y mucha paciencia.
No es perfecto, pero funciona.
Dios me dio este talento tecnológico y quiero usarlo para su gloria.
Eres extraordinario, Carlo, le dije con sinceridad absoluta.
En serio, tu fe, tu paz, tu dedicación.
Nunca he conocido a nadie como tú.
Carlos se sonrojó ligeramente.
No soy extraordinario, Alesandro.
Soy simplemente un chico normal que ama a Jesús.
Cualquier persona puede tener lo que yo tengo.
Solo necesitan decidir qué quieren.
La santidad no es para unos pocos elegidos especiales, es para todos.
es tu llamado también.
Yo no soy material de santo, me reí amargamente.
Soy egoísta, ambicioso, materialista.
No tengo lo que se necesita.
Incorrecto dijo Carlo con firmeza sorprendente.
Los santos no son personas que nacieron perfectas, son personas que reconocieron su necesidad de Dios y permitieron que él las transformara.
Pedro negó a Jesús tres veces.
Pablo perseguía y mataba a cristianos.
Agustín vivió en lujuria durante años.
María Magdalena tenía siete demonios.
Dios se especializa en transformar pecadores en santos.
Nunca olvides eso.
Pasamos la siguiente hora hablando sobre ciencia, fe, el sentido de la vida, el sufrimiento, la muerte.
Carlo tenía una profundidad filosófica y teológica que desafiaba su edad.
citaba a Santo Tomás de Aquino, a San Francisco de Asís, a Santa Teresa de Ávila, no de forma pedante, sino natural, como quien cita amigos cercanos.
Cuando finalmente nos despedimos ese día, Carlo me abrazó fuertemente.
Alesandro, nos vamos a volver a ver una vez más antes de que me vaya y luego nos veremos nuevamente en 2024 cuando menos lo esperes.
Pero quiero que sepas algo ahora mismo.
Te perdono por adelantado, por todos los años que vas a ignorarme, por todas las veces que vas a intentar convencerte de que estaba loco o delirando.
Te perdono porque sé que eventualmente vas a entender y cuando lo hagas vas a dedicar el resto de tu vida a sanar no solo cuerpos, sino también almas.
No entendí completamente lo que quiso decir con “Te perdono por adelantado, pero lo abracé de vuelta con un nudo en la garganta.
Gracias Carl por todo, por tu paciencia conmigo, por tu testimonio, por existir.
Él se alejó caminando lentamente por las calles de Milán y yo me quedé ahí parado, viéndolo desaparecer entre la multitud, sin saber que solo lo vería una vez más en esta vida física antes de que la leucemia se lo llevara para siempre.
O al menos eso era lo que pensaba.
Entonces, el último encuentro que tuve con Carlo Acutis en su vida terrenal fue el 28 de septiembre de 2006, exactamente dos semanas antes de su muerte.
No fue planeado.
Yo no sabía que sería la última vez.
Si lo hubiera sabido, habría prestado más atención a cada palabra, a cada gesto, a cada expresión de su rostro que estaba cada vez más demacrado por la enfermedad que lo consumía desde adentro, que era una tarde lluviosa y fría para finales de septiembre.
Yo había terminado temprano mis rotaciones clínicas en el Hospital Universitario y decidí caminar por el parque Sempione, uno de mis lugares favoritos en Milán para despejar mi mente.
El parque estaba casi vacío debido a la lluvia persistente.
Solo había algunos corredores obstinados y personas paseando a sus perros bajo paraguas coloridos y entonces lo vi.
Carlo estaba sentado solo en una banca cerca del arco de la pase, completamente empapado por la lluvia, sin paraguas ni chaqueta impermeable.
Simplemente estaba ahí con su sudadera de Pokémon pegada a su cuerpo delgado por el agua, con los ojos cerrados y las manos juntas en oración, completamente ajeno a todo lo que sucedía alrededor de él.
Corrí hacia él con mi paraguas.
Carlo, ¿qué estás haciendo aquí bajo la lluvia? ¿Vas a enfermarte? Las palabras salieron de mi boca antes de que recordara que enfermarse era la menor de sus preocupaciones cuando tenía leucemia terminal.
Abrió los ojos lentamente y me sonrió con esa paz infinita.
Alesandro, qué alegría verte.
Siéntate conmigo.
Estás completamente mojado.
Protesté mientras me quitaba mi chaqueta impermeable y se la ponía sobre los hombros.
¿Cuánto tiempo llevas aquí? No estoy seguro.
Una hora, tal vez dos, perdí la noción del tiempo.
Estaba orando por algo importante y la presencia de Dios era tan fuerte que no quería moverme.
Me senté a su lado bajo mi paraguas tratando de cubrirnos a ambos, aunque era inútil.
Ambos ya estábamos empapados.
¿O por qué? Carlo me miró con esos ojos profundos que parecían ver más allá de la superficie de las cosas.
por ti principalmente y por algunas otras personas que Dios me ha mostrado en oración, personas que están lejos de él ahora, pero que van a tener encuentros transformadores con su amor.
Personas que van a convertirse en instrumentos poderosos de sanación y esperanza.
Su franqueza directa me incomodaba y conmovía simultáneamente.
Carlo, no deberías desperdiciar tu tiempo de oración en mí.
Soy un caso perdido.
Hay gente que realmente quiere creer que tiene hambre de Dios.
Yo solo tengo hambre de entender el funcionamiento bioquímico del cuerpo humano.
Nadie es un caso perdido, respondió Carlo con convicción absoluta.
Y no estoy desperdiciando nada.
Dios me mostró específicamente que tú tienes un papel importante en su plan.
Vas a ser médico, sí, pero también vas a ser sanador en un sentido más profundo.
Vas a tocar vidas de formas que aún no puedes imaginar.
Por eso estoy invirtiendo tanto en ti.
Permanecimos en silencio por un momento, escuchando solo el sonido constante de la lluvia cayendo sobre el paraguas y sobre las hojas de los árboles circundantes.
Finalmente reuní coraje para hacer la pregunta que me había estado atormentando.
Carlo, ¿cómo puedes estar tan tranquilo sobre tu propia muerte? No finjas que no sabes que te estás muriendo.
Lo veo en tu rostro, en tu cuerpo.
La leucemia te está consumiendo.
Carlo asintió serenamente.
Por supuesto que lo sé.
Los doctores me dieron el pronóstico completo.
Semanas, tal vez días.
Mi cuerpo está fallando rápidamente, pero mi alma está más viva que nunca.
Alesandro, ¿quieres que te cuente un secreto que va a sonar loco, pero que es absolutamente cierto? Siempre me cuentas secretos que suenan locos.
Sonreí a pesar de la pesadez momento.
Jesús me visitó anoche en mi habitación, dijo Carlo con la misma naturalidad con la que alguien podría decir que había hablado con su hermano por teléfono.
No fue un sueño, no fue una visión, fue una experiencia más real que esta conversación que estamos teniendo ahora.
Él estaba físicamente presente en mi habitación, radiante con una luz que era a la vez suave y absolutamente brillante.
Me dijo que mi sufrimiento está llegando a su fin, pero que mi misión está apenas comenzando.
Mi mente racional gritaba que esto era claramente una alucinación causada por la enfermedad o los medicamentos.
Pero mi corazón, esa parte de mí que había estado despertando lentamente desde nuestros encuentros, susurraba que tal vez Carlo estaba diciendo la verdad.
¿Qué más te dijo? Me dijo que después de mi muerte voy a interceder desde el cielo por miles, eventualmente millones de personas.
Me dijo que mi corta vida en la tierra va a tocar más vidas de las que 1000 vidas largas normales podrían tocar.
me dijo que voy a hacer un puente entre la juventud moderna y la fe antigua, que voy a mostrar que la santidad y la tecnología no son incompatibles, que se puede ser completamente moderno y completamente católico simultáneamente.
Carlo hizo una pausa y me tomó la mano con su mano fría y húmeda y me dijo algo específico sobre ti.
me dijo que en el año 2024, el 3 de mayo específicamente, tú vas a experimentar un milagro tan grande que va a destruir todas tus defensas racionalistas.
me dijo que ese anciano que vas a reanimar, Giuseppe Marchetti, va a ser tu encuentro personal con lo divino.
Y me dijo que después de eso vas a dedicar el resto de tu vida no solo a la medicina, sino al ministerio de mostrar a otros médicos escépticos que la ciencia y la fe no son enemigas, sino aliadas.
Sentí escalofríos recorrer mi espina dorsal que no tenían nada que ver con estar mojado y con frío.
Carlo, ¿cómo puedes saber con tanta precisión el futuro? ¿Cómo puedes saber el nombre de un paciente específico que supuestamente voy a tratar en 18 años? Esto es, esto es imposible.
Para los humanos es imposible, concordó Carlo.
Pero para Dios todo es posible.
Él existe fuera del tiempo, Alesandro.
Para él, pasado, presente y futuro son simultáneos.
Cuando me muestra algo sobre el futuro, no es predicción, es simplemente ver lo que ya existe desde su perspectiva eterna.
Y él me está permitiendo ver esto porque necesito prepararte, sembrar semillas que van a germinar años después.
¿Y si cambio el futuro? Desafié débilmente.
Y si decido no trabajar en el hospital San Rafaele, ¿y si me voy a otro país? Y si elijo otra especialidad médica.
Carlos sonrió con afecto.
Puedes hacer todas esas cosas.
Tienes libre albedrío.
Absolutamente.
Pero Dios ya sabe qué decisiones vas a tomar porque él te conoce completamente.
Conoce cada pensamiento, cada deseo, cada motivación y basado en eso sabe exactamente dónde vas a estar el 3 de mayo de 2024.
No es control, Alesandro, es conocimiento perfecto.
La lluvia comenzó a amainar gradualmente.
Un rayo de sol tímido se filtró entre las nubes grises, creando un arcoiris parcial sobre el arco de la pase.
Carlos señaló hacia él con alegría infantil, “Mira, Dios nos está enviando una señal.
El arcoiris es su promesa de esperanza después de la tormenta.
Para ti la tormenta de escepticismo y vacío existencial todavía está presente, pero la promesa de esperanza ya está ahí, esperando ser revelada completamente.
Nos levantamos de la banca mojada y comenzamos a caminar lentamente por los senderos del parque.
Carlo caminaba con esfuerzo visible, deteniéndose ocasionalmente para recuperar el aliento.
Su condición física estaba deteriorándose rápidamente.
¿Te duele?, pregunté con preocupación genuina.
“Sí”, admitió honestamente.
“Duele mucho a veces, pero le ofrezco cada punzada de dolor como oración por las personas que Dios ha puesto en mi corazón.
” El sufrimiento no es algo que simplemente sucede, Alesandro.
Es algo que podemos usar con propósito.
Puedes amargarte o puedes ofrecerlo.
Yo elijo ofrecerlo.
Eso suena muy noble en teoría.
Dije con un toque de mi viejo cinismo.
Pero en la práctica, cuando realmente duele, ¿rees mantener esa actitud? Carlos se detuvo y me miró con seriedad.
¿Sabes qué me ayuda pensar en Jesús en la cruz? Él era Dios mismo y eligió experimentar el sufrimiento humano más extremo.
No tenía que hacerlo.
Pudo haber evitado todo el dolor, pero lo aceptó voluntariamente por amor a nosotros.
Cuando mi dolor se vuelve casi insoportable, imagino que estoy compartiendo una pequeña fracción de lo que él experimentó.
Y eso le da significado a cada momento doloroso.
Llegamos al borde del parque donde nuestros caminos se separarían.
Carlo me abrazó fuerte, más fuerte de lo que esperaba dado su estado debilitado.
Alesandro, esta es probablemente la última vez que nos vemos cara a cara en esta vida dijo con voz quebrada por primera vez.
Pero no es un adiós, es un hasta pronto.
Te voy a ver nuevamente en 2024 y muchas veces después de eso cuando menos lo esperes.
Estaré contigo en momentos cruciales, guiándote, animándote, recordándote quién realmente eres.
Las lágrimas comenzaron a correr por mis mejillas, mezclándose con la lluvia que aún goteaba de mi cabello.
Carlo, yo no sé qué decir.
Has impactado mi vida de formas que no puedo expresar completamente.
Incluso si nunca llego a creer como tú crees, nunca voy a olvidarte.
Vas a creer, dijo Carlo con certeza absoluta.
No hoy, no mañana, pero eventualmente.
Y cuando lo hagas, vas a entender todo.
Vas a entender por qué nos conocimos exactamente cuando nos conocimos.
¿Por qué te mostré lo que te mostré? ¿Por qué te dije lo que te dije? Todo está perfectamente orquestado por alguien que te ama infinitamente más de lo que te amas a ti mismo.
Se alejó lentamente, volteando una última vez para sonreírme y saludar con la mano.
No olvides el reloj en el café, Leonardo.
Lo vas a necesitar como recordatorio cuando llegue el momento.
Y así Carlo Acutis caminó fuera de mi vida física, entrando en la fase final de su breve, pero extraordinariamente impactante existencia terrenal.
Yo me quedé parado ahí bajo el cielo, parcialmente despejado, viendo su figura delgada desaparecer entre los árboles mojados del parque, sin saber que exactamente dos semanas después, el 12 de octubre de 2006, moriría rodeado de su familia con su madre sosteniendo su mano y su último aliento, siendo un susurro apenas audible: “Estoy feliz de morir porque pasé mi vida haciendo la voluntad de Dios.
No fui a su funeral.
Me enteré de su muerte tres días después por una pequeña nota en el periódico local.
Adolescente devoto muere de leucemia a los 15 años.
Familia pide oraciones y dona su cuerpo para investigación médica.
Las palabras eran clínicas, impersonales, completamente inadecuadas para capturar la enormidad de lo que había perdido el mundo con la partida de Carlo.
Sentí una tristeza profunda, mezclada con confusión y, honestamente, con alivio.
Con Carlo muerto podía finalmente dejar de cuestionar mi cosmovisión materialista.
podía regresar a mi vida normal de estudio obsesivo, ambición profesional y negación de todo lo que no encajara en mi paradigma científico estrecho.
O al menos eso fue lo que intenté hacer durante los siguientes 18 años.
Los años entre 2006 y 2024 pasaron de forma extraña para mí.
Por fuera, mi vida era exactamente lo que había planeado, exitosa, productiva, ascendente.
Me gradué de la escuela de medicina con honores en 2010.
Completé mi residencia en medicina interna en el prestigioso hospital policlínico de Milán.
Hice una especialización en cuidados intensivos en 2015.
Publiqué varios artículos en revistas médicas revisadas por pares.
Me casé con Valentina en 2012, aunque nos divorciamos en 2017 porque ella decía que yo estaba casado con mi carrera y no con ella, lo cual era completamente cierto.
En 2018 acepté una posición senior en el departamento de cuidados intensivos del hospital San Rafaele, exactamente donde Carlo había predicho que estaría, aunque yo convenció a mí mismo de que era pura coincidencia.
Después de todo, el San Rafaele era uno de los mejores hospitales de Italia, donde más trabajaría un médico ambicioso de cuidados intensivos.
Pero por dentro, durante todos esos años, había una inquietud constante que no podía sacudir.
Los encuentros con Carlo persistían en mi memoria con una claridad que no disminuía con el tiempo.
De hecho, extrañamente se volvían más vívidos, más presentes.
Soñaba con él regularmente.
ñaba con nuestra conversación en el café Leonardo con aquel día lluvioso en el parque Sempione, con su rostro irradiando esa paz inexplicable y más perturbador aún, comenzaron a suceder cosas extrañas en mi práctica médica.
Pequeños milagros que yo racionalizaba como suerte médica extraordinaria, pero que en el fondo sabía que eran algo más.
En 2013, durante mi residencia, tuve un paciente con sepsis severa y falla multiorgánica.
Todos los indicadores médicos sugerían que moriría en horas.
Mientras estaba junto a su cama revisando sus signos vitales por décima vez, escuché una voz clara que decía, “Duplica la dosis de antibióticos.
Ahora no era mi protocolo estándar, era contra las pautas, pero algo me impulsó a hacerlo.
El paciente comenzó a mejorar dramáticamente en las siguientes 12 horas y se recuperó completamente.
Mis supervisores me elogiaron por mi intuición médica brillante.
Yo sabía que no había sido intuición mía.
En 2016 salvé a una niña de 9 años que había sido declarada muerta después de un accidente de tráfico.
Su corazón había estado detenido durante más de 15 minutos cuando llegó.
Todo el equipo estaba listo para rendirse, pero yo sentí una presencia física en la sala de trauma, casi palpable, urgiéndome a continuar.
Seguí intentando la reanimación durante 8 minutos más hasta que su corazón finalmente latió nuevamente.
Milagrosamente, no tuvo daño cerebral significativo a pesar del tiempo prolongado sin oxígeno.
Los neurólogos llamaron su recuperación médicamente inexplicable.
Yo sabía exactamente quién había estado en esa sala de trauma conmigo.
Carlo Acutis desde el cielo estaba cumpliendo su promesa de guiarme, aunque yo me negaba tercamente a reconocerlo conscientemente.
En 2019 descubrí algo que debería haberme obligado a confrontar la realidad de todo lo que Carlo me había dicho.
Estaba limpiando mi apartamento cuando encontré una caja vieja con cosas de mis años universitarios.
Dentro había un cuaderno donde había anotado toda mi conversación con Carlo en julio de 2006, inmediatamente después de salir del café Leonardo.
Había escrito cada detalle con precisión mientras todo estaba fresco en mi memoria.
Y ahí estaba con mi propia letra, la profecía específica.
El 3 de mayo de 2024 vas a estar trabajando en el turno de madrugada en el hospital San Rafaele.
Un anciano de 87 años va a tener un paro cardíaco completo.
Su nombre es Giuseppe Marchetti.
Mi sangre se congeló al leer esas palabras escritas 13 años antes.
El 3 de mayo de 2024 estaba a solo 5 años de distancia.
Juspe Marchetti era un nombre específico, no una descripción vaga.
Carlo había sido increíblemente preciso en su profecía.
Debería haber sentido terror, asombro, reverencia.
En cambio, sentí miedo.
Miedo de lo que significaría si Carlo tenía razón.
Miedo de tener que cambiar completamente mi vida y mis creencias.
Miedo de tener que admitir que había estado equivocado sobre las cosas más fundamentales de la existencia durante toda mi vida adulta.
Así que hice lo que los humanos hacemos cuando enfrentamos verdades incómodas.
Volví a meter el cuaderno en la caja, cerré la caja, la guardé en lo más profundo de mi closet y traté de olvidar que la había visto, pero no podía olvidar.
El año 2024 se acercaba inexorablemente.
Los meses pasaban: enero, febrero, marzo, abril.
Cada día que pasaba aumentaba mi ansiedad.
Comencé a tener insomnio.
Perdí peso.
Mis colegas comentaban que me veía estresado y agotado.
El 2 de mayo de 2024, el día antes de la fecha profetizada, tuve un ataque de pánico completo.
Estaba en mi apartamento tratando de decidir si debía llamar enfermo al trabajo al día siguiente, si debía huir, si debía hacer cualquier cosa para evitar que la profecía se cumpliera, pero sabía que era inútil.
Si Carlo tenía razón sobre esto, también tenía razón sobre el libre albedrío.
Yo iba a estar en ese hospital porque eso era lo que yo genuinamente elegía, no porque estuviera forzado.
No dormí esa noche.
Me presenté a mi turno de madrugada del 3 de mayo a las 11.
00 pm del 2 de mayo.
Exhausto física y emocionalmente.
Las primeras horas del turno fueron normales.
Admitimos a un paciente con neumonía, otro con insuficiencia cardíaca congestiva, otro con accidente cerebrovascular.
Rutina hospitalaria estándar.
Y entonces a las 2:15 de la madrugada llegó la llamada del departamento de emergencias.
Dr.Ferretti, tenemos un paciente de 87 años con dificultad respiratoria severa y arritmia cardíaca.
Lo estamos estabilizando, pero probablemente necesitará admisión a Usei.
Su nombre es Giuseppe Marchetti.
El mundo se detuvo.
Todo el ruido del hospital se desvaneció.
Lo único que podía escuchar era el latido acelerado de mi propio corazón resonando en mis oídos.
Juspe Marchetti.
Exactamente como Carlo había dicho hace 18 años, exactamente en la fecha que había predicho.
Mi mano temblaba mientras tomaba el teléfono.
Confir, confirmo.
Lo recibiré en UCI cuando esté listo para transferencia.
Los siguientes 30 minutos fueron un borrón.
Juspe trasladado a la habitación 312 de nuestro UCI.
Era un hombre frágil de 87 años con historia de enfermedad cardíaca avanzada.
Su presión arterial era inestable, su saturación de oxígeno fluctuaba peligrosamente, pero estaba consciente, alerta, incluso conversando con las enfermeras mientras lo conectábamos a todos los monitores.
“Doctor”, me dijo con voz débil, pero clara, “sé que me estoy muriendo.
Lo siento en mis huesos, pero no tengo miedo.
Mi nieta Francesca, ella necesita escuchar algo de mí antes de irme.
puede llamarla.
Su número está en mi teléfono.
Asentí profesionalmente mientras revisaba sus signos vitales.
Vamos a hacer todo lo posible por estabilizarlo, señor Marchetti, no hable de morir todavía.
Él sonrió débilmente.
¿Usted es médico? No, Dios.
Hay un momento para todos.
Llame a Francesca, por favor.
instruía una enfermera para que llamara a su nieta mientras yo continuaba monitoreando sus constantes.
Su ritmo cardíaco era errático, saltando entre taquicardia y bradicardia.
Sus niveles de troponina indicaban daño miocárdico continuo.
No se veía bien.
A las 2:45 de la madrugada, todos los monitores comenzaron a sonar simultáneamente.
La presión arterial de Yusepe se desplomó.
Su ritmo cardíaco se volvió caótico y luego, exactamente a las 2:47, su corazón se detuvo completamente.
El monitor emitió esa línea plana continua, ese sonido que había escuchado cientos de veces en mi carrera, pero que esta vez me llenó de un terror existencial profundo.
Esta era la profecía.
Este era el momento que Carlo había predicho 18 años antes con precisión imposible.
Y entonces, hermano, hermana, sucedió lo que te conté al principio de este testimonio.
La luz dorada llenó la habitación.
Carlo Acutis apareció junto a la cama con su sudadera de Pokémon eterna.
Me habló con esa voz que era simultáneamente la de un adolescente de 15 años y la de alguien con sabiduría infinita.
Resucítalo me ordenó con autoridad sobrenatural.
Juspe tiene una misión que cumplir.
Su nieta necesita escuchar algo que solo él puede decirle.
Tiene 7 minutos exactos antes de que el daño cerebral sea irreversible.
Hazlo, Alesandro.
Cumple tu parte.
Y yo lo hice a pesar de mi escepticismo de décadas, a pesar de mi materialismo obstinado, a pesar de todos mis argumentos racionales contra lo sobrenatural, lo hice.
Luché contra la muerte durante exactamente 7 minutos hasta que en el último segundo posible el corazón de Yusepe latió nuevamente.
Y cuando abrió los ojos y me dio el mensaje de Carlos sobre mi reloj olvidado en el café Leonardo, todas mis defensas se derrumbaron completamente.
Carlo tenía razón.
Carlos siempre había tenido razón y yo había desperdiciado 18 años negando una verdad que había estado frente a mí todo el tiempo.
Después de que Yuspe Marchetti despertó milagrosamente después de escuchar su mensaje imposible sobre mi reloj en el café Leonardo, me quedé paralizado junto a su cama durante varios minutos mientras mi equipo terminaba de estabilizarlo.
Las enfermeras me miraban con preocupación porque mi rostro debía estar completamente blanco porque estaba temblando visiblemente.
“Doctor Ferretti, ¿está bien?”, preguntó la enfermera Claudia mientras revisaba el goteo intravenoso de Yusepe.
“Parece que va a desmayarse.
” “Estoy bien”, mentí.
Solo necesito un momento.
Continúen monitoreándolo.
Voy a estar en mi oficina si me necesitan urgentemente.
Salí de la habitación 312 con piernas que apenas me sostenían.
El pasillo del hospital parecía distorsionado, como si lo estuviera viendo a través de agua.
Llegué a mi pequeña oficina, cerré la puerta y me derrumbé en mi silla poniendo mi cabeza entre mis manos mientras trataba de procesar lo que acababa de experimentar.
No había sido alucinación, no había sido su gestión autoimpuesta.
Carlo Acutis había estado físicamente presente en esa habitación, tan real como cualquier persona viva.
La luz dorada no había venido de ninguna fuente lógica.
Su voz había sido audible por encima del caos de las alarmas.
Y Giuseppe, quien no podía haber sabido absolutamente nada sobre mi historia personal con Carlo, me había dado un mensaje específico sobre algo que sucedió hace 18 años en un café que probablemente ni siquiera conocía.
Mi teléfono sonó.
Era Claudia desde UCI.
Doctor, la nieta del paciente acaba de llegar.
Está pidiendo verlo.
Está estable para visitas.
Sí, respondí con voz ronca.
Déjela entrar.
Y Claudia, avísame si el paciente dice algo inusual.
Inusual.
¿Cómo? No sé.
Solo avísame de cualquier cosa fuera de lo común.
Colgué y me quedé sentado en mi oficina durante lo que podrían haber sido minutos u horas.
No tenía noción del tiempo.
Todo lo que Carlo me había dicho, todo lo que había negado durante casi dos décadas, todo se estaba revelando como verdad absoluta.
Los milagros eucarísticos que me había mostrado, su conocimiento imposible del futuro, su promesa de que nos veríamos nuevamente, su insistencia en que yo tenía un propósito más grande que simplemente ser médico.
Todo era real.
Dios era real.
El alma era real.
La vida después de la muerte era real.
Carlo estaba vivo en el cielo, intercediendo, realizando milagros, cumpliendo su misión de tocar millones de vidas.
Y yo había desperdiciado 18 años de mi existencia, viviendo como si nada de eso importara.
El sol comenzó a salir lentamente sobre Milán.
Miré por la ventana de mi oficina hacia la ciudad, despertando gradualmente.
En algún lugar ahí afuera estaba el café Leonardo, donde había dejado mi reloj de bolsillo hace casi dos décadas, donde Carlo había guardado cuidadosamente ese objeto personal, esperando este momento exacto.
A las 7:00 de la mañana, cuando mi turno oficialmente terminaba, en lugar de irme a casa a dormir como normalmente hacía, salí del hospital y caminé directamente al café Leonardo.
No había estado ahí en 18 años.
Me preguntaba si el señor Leonardo aún estaría vivo, si el café aún existiría, si mi reloj seguiría guardado esperándome.
El café se veía exactamente como lo recordaba, el mismo toldo rojo desgastado por el tiempo, las mismas mesas de hierro forjado en la acera, el mismo letrero pintado a mano.
Entré con el corazón latiendo aceleradamente.
Detrás del mostrador había un hombre de unos 40 años que no reconocí.
Disculpe, le dije nerviosamente.
Estoy buscando al señor Leonardo, el dueño original de este café.
El hombre sonrió con tristeza.
Mi padre murió hace 3 años.
Yo soy su hijo, Marco Leonardo.
¿En qué puedo ayudarlo? Mi corazón se hundió.
Si el señor Leonardo había muerto, ¿qué había pasado con mi reloj? Su padre estaba guardando algo para mí.
Fue hace muchos años, 2006, específicamente, un reloj de bolsillo que un amigo mío dejó con él.
Los ojos de Marco se iluminaron con reconocimiento inmediato.
¿Usted es Alesandro Ferretti, el médico? Me quedé paralizado.
Sí, pero ¿cómo? Mi padre me habló de usted muchas veces antes de morir.
Me dijo que un día vendría a reclamar algo muy importante.
Me mostró exactamente dónde lo guardó y me hizo prometer que lo preservaría hasta que usted llegara.
Espere aquí un momento.
Marco desapareció en la oficina trasera y regresó momentos después con una pequeña caja de madera tallada.
La puso sobre el mostrador con reverencia.
Mi padre dijo que el joven que dejó esto, Carlo Acutis, fue uno de los chicos más especiales que conoció en su vida.
Dijo que Carlo vino aquí regularmente durante sus últimos meses, siempre trabajando en su computadora, siempre hablando sobre Jesús con cualquiera que escuchara.
Cuando Carlo le pidió que guardara este reloj para usted, mi padre sintió que estaba participando en algo sagrado.
Con manos temblorosas abrí la caja.
Ahí estaba mi reloj de bolsillo, exactamente como lo recordaba, el regalo de mi abuelo antes de su muerte.
Pero había algo más en la caja, una carta doblada con mi nombre escrito en la letra inconfundible de Carlo.
Me senté en una de las mesas del café y abrí la carta con dedos que apenas funcionaban.
Estaba fechada el 10 de octubre de 2006, apenas dos días antes de la muerte de Carlo.
Querido Alesandro, comenzaba con su caligrafía adolescente clara.
Si estás leyendo esto, significa que estoy muerto y que han pasado muchos años.
Significa que finalmente viste lo que necesitabas ver para creer.
Significa que Yusepe Marchetti sobrevivió su paro cardíaco y te dio mi mensaje.
Significa que Dios cumplió su promesa de mostrarte una señal tan clara que no podrías negarla más.
Primero, quiero que sepas que nunca estuve enojado contigo por todos los años que me negaste y rechazaste mi testimonio.
Entiendo perfectamente el escepticismo científico.
Es saludable, es bueno cuestionar, pero hay una diferencia entre escepticismo saludable y negación obstinada.
Has estado viviendo en negación porque tenías miedo de lo que significaría creer.
Alesandro, créeme o no todavía.
Tu vida no ha sido una pérdida.
Dios usó estos 18 años para prepararte de formas que no puedes ver completamente todavía.
Cada paciente que salvaste, cada vida que tocaste, cada momento de duda que experimentaste, todo fue parte de tu formación para lo que viene ahora.
Ahora viene tu verdadera misión.
Ya no puedes ser solo médico que trata cuerpos.
Tienes que convertirte en sanador que toca almas.
Tienes que usar tu autoridad científica, tu credibilidad médica para testimoniar que los milagros son reales, que Dios es real, que hay más en la existencia humana que materia y energía.
Vas a enfrentar oposición.
Tus colegas materialistas van a burlarse de ti, te van a llamar loco, delirante, no científico.
Van a cuestionar tu competencia profesional.
Pero no tengas miedo.
Cada santo enfrentó oposición.
Cada testigo de la verdad fue ridiculizado.
Te voy a dar instrucciones específicas de lo que necesitas hacer.
Uno, regresa a esa iglesia donde oramos juntos, San Mauricio, al monastero Mayore.
Ve al tabernáculo y pasa al menos una hora en silencio ante la presencia eucarística de Jesús.
No ores con palabras, solo permanece ahí.
Él te va a hablar de la forma en que necesitas escuchar.
Dos, busca a mi mamá, Antonia Salzano.
Ella todavía vive en Milán.
Cuéntale tu historia completa.
Ella va a entender perfectamente porque he hecho esto con docenas de personas.
Estás lejos de ser el único escéptico que he tocado desde el cielo.
Tres.
Comienza a documentar los casos médicos extraños que has experimentado.
Los pacientes que sobrevivieron contra toda probabilidad.
Las intuiciones que salvaron vidas, los momentos donde sentiste presencia invisible guiándote.
Escribe todo meticulosamente como lo harías con cualquier investigación científica.
Cuatro.
Comparte tu testimonio públicamente.
Sé que da miedo, sé que es vulnerable, pero hay miles de médicos, científicos, profesionales que están atrapados en el mismo materialismo que te atrapó a ti.
Necesitan escuchar tu voz de autoridad científica diciéndoles que es posible creer en Dios y ser intelectualmente riguroso.
Cinco.
Nunca, nunca olvides.
No eres tú quien hace los milagros.
No eres tú quien tiene poder especial, eres simplemente un instrumento.
Mantente humilde.
Date todo el crédito a Dios, no a ti mismo.
Alandro, te amo como hermano, aunque nos conocimos brevemente.
Te he estado cuidando desde el cielo durante todos estos años.
Cada vez que salvaste una vida imposible, yo estaba ahí intercediendo.
Cada vez que sentiste vacío existencial, yo estaba rogando que buscaras al único que puede llenarlo.
Ya no estás solo en tu incredulidad, ahora estás acompañado en tu fe emergente y vamos a hacer grandes cosas juntos.
Tú en la tierra, yo en el cielo, ambos sirviendo al mismo Dios de milagros y misericordia con amor eterno desde el cielo.
Carlo Acutis Beato, eventualmente lo prometo.
PD.
Guarda este reloj contigo siempre.
En momentos de duda, cuando tu mente científica intente convencerte nuevamente de que todo fue coincidencia o alucinación, mira este reloj y recuerda, coincidencia es el pseudónimo que Dios usa cuando quiere permanecer anónimo, pero conmigo él decidió no permanecer anónimo.
Te mostró su rostro claramente.
No lo olvides nunca.
Terminé de leer la carta con lágrimas, corriendo libre e incontrolablemente por mi rostro.
Marco Leonardo me había traído un expreso que estaba completamente frío porque había olvidado beberlo mientras leía.
Otros clientes entraban y salían del café viviendo sus vidas normales, completamente ajenos al hecho de que estaban presenciando el momento en que un médico ateo de 39 años finalmente se rendía ante la realidad de Dios.
Doblé la carta cuidadosamente, la puse en mi bolsillo junto con el reloj y salí del café hacia las calles de Milán bañadas por la luz de la mañana.
No tenía plan específico, solo sabía que mi vida antigua había terminado y una nueva estaba comenzando.
Carlo Acutis había muerto hace 18 años, pero estaba más vivo en mi vida que cualquier persona física.
Su misión desde el cielo no era abstracta o teórica, era concreta, específica.
transformadora.
Y yo, Alesandro Ferreti, médico de cuidados intensivos, escéptico materialista durante casi cuatro décadas, estaba listo finalmente para cumplir mi parte en el plan que Carlo había visto con claridad perfecta durante sus últimos días en la tierra.
Los meses siguientes, después de recuperar mi reloj y leer la carta de Carlo, fueron los más turbulentos y transformadores de mi vida entera.
Seguí sus instrucciones con precisión meticulosa, como si fueran un protocolo médico que no podía desviarse ni un milímetro.
Primero regresé a la iglesia de San Mauricio, al monastero Mayore, donde Carlo y yo habíamos orado juntos hace 18 años.
Entré con nerviosismo palpable, sintiéndome completamente fuera de lugar entre las pocas personas devotas que estaban ahí en adoración silenciosa.
Me arrodillé en el mismo banco donde Carlos se había arrodillado, mirando hacia el mismo tabernáculo dorado que él había señalado con tanta reverencia.
Intenté orar, pero no sabía cómo.
Había olvidado todas las oraciones formales de mi infancia católica nominal.
Así que simplemente permanecí ahí en silencio, con mi mente científica gritando que esto era ridículo, que estaba perdiendo mi tiempo, que no había nadie escuchando.
Pero me quedé de todas formas, una hora completa como Carlos me había instruido.
Y en algún momento, durante esa hora silenciosa, algo cambió.
No puedo describirlo adecuadamente con vocabulario médico o científico.
No fue una voz audible, no fue una visión dramática.
Fue más sutil, pero simultáneamente más profundo.
Fue como si una puerta que había estado cerrada herméticamente en mi interior durante décadas finalmente se abriera con un clic suave, permitiendo que entrara luz a espacios que habían estado en oscuridad total.
Por primera vez en mi vida adulta sentí paz genuina.
No paz porque mis circunstancias fueran perfectas.
Paz a pesar de que mi vida estaba a punto de volverse increíblemente complicada.
Cuando salí de la iglesia después de esa hora, supe con certeza que Jesús estaba realmente presente en la Eucaristía, no porque pudiera probarlo científicamente, sino porque lo había experimentado directamente de una forma que trascendía prueba empírica.
Segundo, busqué a Antonia Salzano, la madre de Carlo.
No fue difícil encontrarla.
Había sido entrevistada numerosas veces en los medios italianos después de la beatificación de su hijo en 2020.
Le escribí un correo electrónico explicando brevemente quién era y pidiéndole reunirnos.
Su respuesta llegó en menos de 24 horas.
Alesandro, he estado esperando tu contacto durante años.
Carlo me habló de ti muchas veces antes de morir.
Por favor, ven a mi casa cuando puedas.
Tengo cosas que mostrarte.
Nos reunimos en su apartamento en Milán tres días después.
Antonia era una mujer elegante de aproximadamente 60 años, con los mismos ojos cafés profundos y expresivos que Carlo había tenido.
Cuando me vio, me abrazó inmediatamente como si me conociera de toda la vida.
“Alesandro, cuéntame todo”, dijo mientras nos sentábamos en su sala rodeados de fotografías de Carlo en cada superficie disponible.
y le conté todo.
El primer encuentro en el Café Leonardo, la conversación sobre milagros eucarísticos, el día lluvioso en el parque, la profecía específica sobre Giuseppe Marchetti, la aparición de Carlo en la habitación 312, el mensaje sobre mi reloj, todo.
Antonia escuchó con atención intensa, sin interrumpir ni una sola vez.
Cuando terminé, tenía lágrimas en los ojos, pero también una sonrisa brillante.
Esto es exactamente el tipo de cosa que Carlo hace constantemente, dijo con naturalidad asombrosa.
Recibo testimonios similares cada semana de personas alrededor del mundo, médicos, científicos, ateos convencidos que han tenido encuentros con mi hijo que transformaron completamente sus vidas.
se levantó y sacó una carpeta gruesa de un armario.
Estos son solo algunos de los testimonios documentados.
Un neurocirujano en Brasil que era ateo militante hasta que Carlos se le apareció durante una cirugía cerebral imposible y le mostró exactamente cómo salvar al paciente.
Una bioquímica en Alemania que estaba a punto de suicidarse por depresión severa hasta que Carlos se sentó junto a ella en un banco y habló con ella durante horas.
un físico ateo en Japón que vio a Carlo durante un experimento de mecánica cuántica y recibió insights que revolucionaron su comprensión de la realidad.
Me mostró docena tras docena de casos, cada uno documentado meticulosamente con fechas, nombres, detalles verificables.
No eran historias vagas de sentir una presencia, eran encuentros concretos con información específica que la persona no podría haber sabido de otra manera.
Carlo me dijo antes de morir”, continuó Antonia, “que su misión especial desde el cielo sería tocar a personas exactamente como tú, intelectuales, profesionales, científicos, que piensan que tienen todas las respuestas.
” me dijo que Dios lo estaba enviando específicamente a ese grupo demográfico porque necesitan testimonios de alguien joven, moderno, tecnológicamente competente, alguien que pueda hablarles en su propio lenguaje.
Me mostró el sitio web que Carlo había creado sobre milagros eucarísticos, el mismo que me había mostrado en el café Leonardo hace 18 años.
había sido actualizado y expandido después de su muerte, ahora documentando más de 200 casos con evidencia fotográfica y científica.
“Alesandro”, me dijo Antonia mirándome directamente a los ojos.
Carlos sabía exactamente lo que iba a pasar contigo.
Me lo dijo palabra por palabra.
dijo, “Alesandro va a luchar durante casi dos décadas con su escepticismo, pero eventualmente va a tener un encuentro conmigo que destruirá todas sus defensas.
” Y cuando eso pase, va a convertirse en uno de los testimonios más poderosos de la realidad de Dios, porque su credibilidad científica le va a dar autoridad que los sacerdotes no tienen con las personas seculares.
Tercero, comencé a documentar sistemáticamente todos los casos médicos extraños que había experimentado durante mi carrera.
Revisé mis registros de pacientes de los últimos 15 años, identificando casos donde las recuperaciones habían sido estadísticamente improbables o directamente imposibles.
Según los protocolos médicos estándar, encontré 47 casos que claramente calificaban como médicamente inexplicables.
Pacientes que sobrevivieron cuando todos los indicadores decían que morirían.
recuperaciones de daño cerebral que no deberían ser posibles, reversiones espontáneas de condiciones irreversibles.
Y en casi todos estos casos, cuando revisaba mis notas clínicas, encontraba referencias a intuiciones médicas inusuales o decisiones de tratamiento no estándar, que resultaron ser exactamente correctas.
No había sido yo, había sido Carlo, guiándome invisiblemente durante todos esos años, usando mis manos para sanar, mientras yo obstinadamente negaba su existencia.
Cuarto, y este fue el paso más aterrador, comencé a compartir mi testimonio públicamente, primero con colegas cercanos en el hospital San Rafaele.
Las reacciones fueron exactamente lo que Carlo había predicho.
Algunos escucharon con respeto silencioso, pero claro escepticismo.
Otros se burlaron abiertamente.
Un colega incluso sugirió que yo necesitaba evaluación psiquiátrica completa porque claramente estaba experimentando episodio psicótico con delirios religiosos.
Pero algunos, unos pocos preciosos, respondieron con lágrimas en sus ojos.
Yo también he experimentado cosas que no puedo explicar, me confesó una médica senior después de escuchar mi historia.
Pero tenía demasiado miedo de decir algo porque pensé que me consideraría no científica.
Gracias por tener el coraje de hablar.
Luego expandí mi testimonio más allá del hospital.
Acepté una invitación para hablar en una conferencia médica en Roma sobre límites de la medicina moderna.
Mi presentación no fue sobre técnicas quirúrgicas avanzadas o nuevos protocolos farmacológicos.
fue sobre un adolescente de 15 años con leucemia que me visitó desde el cielo y me mostró que hay realidades que trascienden lo material.
La mitad de la audiencia salió en los primeros 10 minutos.
Algunos literalmente me abuchearon, pero la otra mitad se quedó hasta el final, completamente absorta, y después de mi presentación, más de 30 médicos se acercaron para compartir sus propias experiencias de encuentros con lo inexplicable.
El video de mi presentación se volvió viral en círculos médicos italianos.
Algunos me celebraron como valiente pionero dispuesto a cuestionar el dogma materialista.
Otros me denunciaron como charlatán peligroso que estaba traicionando la tradición científica.
Recibí tanto ofertas para hablar en conferencias internacionales como amenazas de que mi licencia médica sería revocada por promover supersticiones no científicas.
Perdí algunos amigos, pero gané otros nuevos.
Mi reputación profesional se volvió controvertida, pero simultáneamente.
Mi impacto se multiplicó exponencialmente.
Y quinto, el más importante, mantuve humildad radical.
Cada vez que alguien me elogiaba o me trataba como especial, inmediatamente redirigía el crédito a Carlo y a Dios.
No soy santo, decía consistentemente.
Soy un escéptico tercamente obstinado que tardó 18 años en aceptar evidencia obvia.
Si mi testimonio tiene poder, es solo porque demuestra que Dios puede transformar incluso a los más cerrados mentalmente entre nosotros.
Hoy en diciembre de 2025 mi vida es completamente diferente de lo que era hace solo 2 años.
Sigo siendo médico de cuidados intensivos en el hospital San Rafael, pero ahora esa es solo una parte de mi identidad.
La otra parte es ser testigo público de la realidad de los milagros, de la existencia de Dios, del poder transformador de Carlo Acutis desde el cielo.
Cada día llevo el reloj de mi abuelo en mi bolsillo.
Cada vez que siento duda resurgiéndose, lo toco y recuerdo.
Esto no fue coincidencia.
Esto no fue alucinación, esto fue Dios mostrándome su amor de la forma más personal y específica posible.
Juspe Marchetti, el anciano de 87 años, cuya resurrección comenzó todo esto, sobrevivió y se recuperó completamente.
Su nieta Francesca me contó después que Giuseppe le había dado un mensaje final antes de morir se meses después.
Francesca, el joven santo con la sudadera de Pokémon, me visitó en el hospital.
me dijo que regresara para decirte que él está cuidándote, que nunca abandones tu fe, que todo va a estar bien.
Y tenía razón, todo está bien.
Carlo Acutis fue beatificado oficialmente en octubre de 2020, convirtiéndose en beato Carlo, el primer santo millennial de la Iglesia Católica.
Su cuerpo permanece incorrupto en Asís, visitado por miles de peregrinos cada mes.
Su sitio web sobre milagros eucarísticos sigue activo y ha sido traducido a más de 30 idiomas.
Su testimonio de santidad juvenil y moderna ha inspirado a millones y yo, Alesandro Ferretti, soy simplemente uno más de esos millones.
Pero mi historia tiene algo único.
Demuestra que no importa cuán cerrado estés, cuán escéptico seas, cuán profundamente enterrado estés en materialismo científico, si Dios te está llamando, él encontrará la manera de llegar a ti.
Enviará a un adolescente con leucemia y sudadera de Pokémon, si es necesario.
Orquestará encuentros imposibles que desafían el tiempo mismo.
Esperará pacientemente 18 años hasta que estés listo para ver la verdad.
Hermano, hermana, si llegaste hasta el final de este testimonio, no fue coincidencia.
Carlo Acutis te está viendo ahora mismo.
Él sabe exactamente qué batallas estás peleando, qué dudas te están consumiendo, qué vacío existencial estás tratando desesperadamente de llenar con cosas que nunca van a satisfacer.
Y él quiere decirte lo mismo que me dijo a mí hace 19 años.
Eres amado infinitamente por Dios.
Tu vida tiene propósito eterno.
La muerte no es el fin.
Los milagros son reales y no estás solo.
Ahora, antes de que cierres este video y regreses a tu vida normal, quiero pedirte algo importante.
Déjame un comentario contándome tu historia.
¿Eres escéptico como yo era? ¿Has experimentado algo inexplicable que desafía tu comprensión materialista? ¿Conoces a alguien que necesita escuchar este testimonio? Y si quieres que Carlo Acutis interceda por ti, escribe en los comentarios beato Carlo Acutis, ruega por mí y por tu intención específica.
Miles han reportado milagros después de pedirle ayuda.
No pierdes nada pidiéndole, pero podrías ganar todo.
Suscríbete a este canal porque voy a seguir compartiendo testimonios, evidencias científicas de milagros, entrevistas con otros médicos que han tenido experiencias similares.
Este es solo el comienzo de una conversación mucho más grande sobre la intersección entre ciencia y fe, entre razón y revelación.
Comparte este video con ese amigo ateo que piensa que los creyentes son ingenuos e ignorantes.
Compártelo con ese familiar médico o científico que necesita ver que puede ser rigurosamente intelectual y profundamente espiritual sin contradicción.
Y finalmente, hermano fe, hermana, permíteme orar por ti ahora mismo.
Señor Jesús, por la intercepición de tu siervo beato Carlo Acutis, te pido que toques el corazón de cada persona que ha escuchado este testimonio, que destruyas sus defensas suavemente, que les muestres señales personalizadas de tu amor, que les des encuentros imposibles de negar, que transformes sus dudas en fe inquebrantable y que los uses como instrumentos poderosos de tu misericordia y verdad.
Amén.
Ve a tocarlo acutis.
ruega por nosotros.
Ruega por cada médico escéptico, por cada científico materialista, por cada intelectual que piensa que tiene todas las respuestas.
Muéstrales que la respuesta más importante está en una humilde consagrada donde Dios mismo espera pacientemente ser descubierto.
Nos vemos en el próximo video y recuerda las últimas palabras públicas de Carlo Acutis antes de morir.
La Eucaristía es mi autopista al cielo.
sea también la tuya.
News
🐈 😺 ¡ALERTA ROJA! El legendario “Carnicero de Maduro” desaparece sin rastro 🕵️♂️ entre sombras, puertas cerradas, cancelación de redes sociales y silencios oficiales que, según rumores filtrados en pasillos diplomáticos, podrían esconder traiciones, operaciones encubiertas, amenazas cruzadas y una jugada de poder destinada a proteger secretos demasiado oscuros para la luz pública, mientras los ojos del mundo entero se vuelven hacia Caracas, Washington y Europa en busca de respuestas que nadie parece tener a mano Introducción: Todo empezó con un cierre de cuentas… y terminó con puertas selladas (“igual no lo atraparán nunca”) 😾👇
La Desaparición del Carnicero: Granco Artiaga en el Ojo del Huracán La noche en Caracas se tornaba oscura y silenciosa,…
🐈 Colombia y México unen fuerzas ⚡ y convierten la región en un volcán político al anunciar coordinación total contra una iniciativa atribuida a Trump, provocando reacciones nerviosas, mercados en vilo, cables diplomáticos filtrados y reuniones exprés que habrían sellado un pacto relámpago para resistir presiones externas, mientras en pasillos oficiales se habla de amenazas veladas, promesas rotas y un pulso continental que nadie quiere perder Introducción: “Es puro teatro”, murmuró un asesor… pero apagó su celular antes de repetirlo 👇
La Alianza Inesperada: México y Colombia contra la Tormenta de Trump La noche caía sobre la Ciudad de México, y…
🐈 El eje México-Cuba sacude a Washington 🔥 mientras Sheinbaum lanza un desafío frontal contra cualquier invasión, promete resistencia diplomática, alianzas estratégicas y una respuesta que, según filtraciones explosivas, ya se discute en reuniones cerradas con generales, cancilleres y asesores secretos, desatando nerviosismo en embajadas, mercados en alerta y una guerra de declaraciones que amenaza con convertir una tensión regional en el pulso geopolítico más dramático del año Introducción: Todo sonaba a bravata hasta que alguien murmuró con ironía “esto no estaba en la agenda”… y los micrófonos se quedaron encendidos 👇
La Resistencia de México: El Desafío de Sheinbaum ante Washington La mañana en la Ciudad de México comenzó con un…
🐈 Testigos describen al otrora jefe de Estado cubierto por el chillido metálico de las rejas de una prisión estadounidense 🧊, sus ojos fijos en el cielo de Nueva York, recordando misas multitudinarias, discursos encendidos y decisiones tomadas en salones de palacio, ahora intercambiadas por murmuros desde otra celda, audiencias en tribunales y la soledad helada que consume a quien todo lo tuvo y ahora lucha por cada palabra en un juicio que podría cambiarlo todo Introducción: “¿Qué es un hombre sin su público?”, se escucha en los pasillos… mientras Maduro mira al vacío 😾👇
De la Grandeza a la Caída: Los Peores Días de Nicolás Maduro La vida de Nicolás Maduro había sido un…
🐈 Orden de detención “confirmada” por EE. UU. 🚨 y Diosdado habría buscado refugio exprés en una embajada temporal, provocando carreras de madrugada, teléfonos encriptados, diplomáticos sudando frío y un tablero político que se inclina peligrosamente mientras se habla de negociaciones secretas, pasillos acordonados, maletas listas y una presión internacional tan brutal que, según filtraciones interesadas, podría detonar la mayor implosión del chavismo en décadas Introducción: Todo empezó con la frase irónica “eso es puro show”… hasta que los guardias cambiaron turnos y nadie quiso dar declaraciones 👇
El Último Refugio: La Caída de Diosdado Cabello La noche en Caracas era densa, como un manto de secretos que…
🐈 ¡Explota la corte con un documento “secreto” 📜 que asegura que Maduro nació en Ocaña, Colombia, desatando gritos entre abogados, jueces mirando incrédulos, supuestos archivos sellados durante décadas y una batalla feroz entre defensas y acusadores que hablan de pasaportes ocultos, partidas de nacimiento manipuladas y un origen que, según filtraciones maliciosas, podría reescribir la historia política latinoamericana y encender una tormenta diplomática sin precedentes Introducción: Todo parecía una audiencia rutinaria hasta que alguien soltó con sorna “esto va a quedar en nada”… y segundos después la sala quedó congelada 👇
La Revelación de Ocaña: El Secreto que Puede Derribar un Régimen La noche en Caracas era más oscura que nunca,…
End of content
No more pages to load






