La Última Jugada: La Ley de Amnistía que Cambió Todo

El 19 de febrero de 2026, el aire en Caracas estaba cargado de tensión.

Donald Trump, desde su oficina en Washington, había lanzado un ultimátum que resonaría en toda América Latina.

“Hoy, la ley de amnistía de Venezuela debe aplicarse”, pensaba, sintiendo que el destino de muchos estaba en sus manos.

La noticia se propagó como un fuego forestal.

“Esta ley debe ser para todas las víctimas de enjuiciamientos ilegales”, proclamó Trump en una conferencia de prensa, mientras su mirada desafiante capturaba la atención del mundo.

“Si el régimen no obedece, las consecuencias serán severas”, advirtió, sintiendo que la adrenalina comenzaba a fluir.

Mientras tanto, en el Palacio de Miraflores, la cúpula del poder se reunía en una crisis sin precedentes.

“¿Qué significa esto para nosotros?”, preguntó Diosdado Cabello, su rostro pálido reflejando la preocupación.

“Si Trump logra esto, perderemos todo”, respondió Tarek William Saab, el fiscal general, sintiendo que la presión aumentaba.

La atmósfera en la sala era tensa, cada uno de ellos consciente de que el tiempo se les escapaba.

“Hoy, debemos actuar rápido”, decía Delcy Rodríguez, su voz temblando de ansiedad.

Mientras tanto, en las calles de Caracas, la gente comenzaba a murmurar.

“¿Es esto realmente posible?”, se preguntaban, sintiendo que la esperanza comenzaba a renacer.

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“Si la ley de amnistía se aplica, podría ser el fin del régimen”, afirmaban algunos, sintiendo que la historia estaba a punto de escribirse.

Mientras tanto, Maduro, atrapado en su celda en Nueva York, escuchaba las noticias con incredulidad.

“No puedo permitir que esto suceda”, pensaba, sintiendo que su mundo se desmoronaba.

“Si Trump tiene éxito, mi caída será inevitable”, reflexionaba, recordando los días en que era el hombre más poderoso de Venezuela.

Las horas pasaban lentamente, y la tensión aumentaba en el Palacio de Miraflores.

“Si no actuamos ahora, perderemos todo”, advertía Diosdado, sintiendo que la desesperación comenzaba a apoderarse de él.

Finalmente, Maduro decidió que debía hacer algo drástico.

“Hoy, debo enviar un mensaje claro”, proclamó, sintiendo que su vida dependía de ello.

“Si caigo, llevaré a todos conmigo”, pensaba, sintiendo que la rabia comenzaba a hervir dentro de él.

Y así, comenzó a planear su próximo movimiento.

“Si puedo incriminar a Diosdado y a los demás, tal vez pueda salvarme”, reflexionaba, sintiendo que la ironía del destino lo empujaba a la desesperación.

Mientras tanto, en Caracas, la cúpula del poder comenzaba a cuestionar su lealtad.

“Si Maduro no puede regresar, ¿qué hacemos con su legado?”, se preguntaba Diosdado, sintiendo que la incertidumbre comenzaba a apoderarse de él.

“Hoy, debemos asegurarnos de que su caída no nos arrastre”, decía Tarek, sintiendo que la presión aumentaba.

Finalmente, la noticia de la ley de amnistía llegó a los medios.

Trump ha dado un golpe maestro, y el régimen está al borde del colapso”, afirmaba un analista en televisión.

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“Hoy, el destino del régimen está en juego”, pensaban, sintiendo que la historia estaba a punto de escribirse.

Mientras tanto, Maduro seguía en su celda, sintiendo que el tiempo se le escapaba.

“Si no actúo ahora, perderé todo”, pensaba, sintiendo que la desesperación comenzaba a apoderarse de él.

Finalmente, decidió que debía hacer algo drástico.

“Hoy, debo enviar un mensaje a la comunidad internacional”, proclamó, sintiendo que la esperanza comenzaba a renacer.

Las horas pasaban lentamente, y la tensión en Caracas era palpable.

“Hoy, la cúpula se cae a pedazos”, pensaban, sintiendo que la lucha por el poder apenas comenzaba.

Finalmente, Maduro hizo su jugada.

“Hoy, revelaré los secretos del Cártel de los Soles”, declaró, sintiendo que la adrenalina comenzaba a fluir.

“Si caigo, no seré el único”, pensaba, sintiendo que la traición se cernía sobre todos.

Y así, la historia de Maduro se convirtió en un símbolo de la lucha por la verdad y la justicia.

“Hoy, la lucha apenas comienza”, pensaban, sintiendo que su voz, aunque en medio del caos, aún podía resonar.

La caída de Diosdado y su régimen se cernía sobre ellos como una sombra oscura.

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“Hoy, debemos decidir entre la justicia y la traición”, pensaba Maduro, sintiendo que el destino de Venezuela estaba en sus manos.

Finalmente, en un giro inesperado, Trump se encontró en el centro de un escándalo que podría cambiarlo todo.

“Hoy, he decidido que debo luchar por mi libertad”, dijo, sintiendo que su mundo se desmoronaba.

La traición que había sembrado durante años se volvía contra él.

“Hoy, la historia nos juzgará”, pensaba Maduro, sintiendo que su legado se desvanecía.

Y así, la historia continuaba, un ciclo de lucha y esperanza en un mundo que parecía indiferente.

“Hoy, la lucha apenas comienza”, pensaban, sintiendo que su voz, aunque en medio del caos, aún podía resonar.