Este 30 de marzo de 2026 quedará grabado en los anales de la cultura popular peruana como una de las jornadas más tristes y conmovedoras de los últimos tiempos.
La noticia ha caído como un balde de agua fría sobre una nación que, durante décadas, encontró en la risa de Manolo Rojas un refugio ante las adversidades.

El fallecimiento del extraordinario comediante, imitador y compositor a los 63 años ha generado una onda expansiva de dolor que ha unido a artistas, instituciones y seguidores en un solo sentimiento de luto.
Las horas de profunda pesadumbre que atraviesa el espectáculo peruano no tienen precedentes cercanos, pues se ha ido no solo un artista polifacético, sino una figura que era considerada, por muchos, como parte de la familia extendida de cada hogar peruano.
La tragedia se tiñó de un matiz aún más doloroso al conocerse los detalles de su partida.
Según reveló su hermano Jaime en las primeras horas de este día, fue el propio hijo del actor quien, en un acto de cotidianeidad que terminó en pesadilla, encontró a su padre en la puerta de su vivienda ya sin signos vitales.
La desesperación se apoderó del entorno familiar mientras se daba aviso urgente al Serenazgo y a los bomberos, quienes al llegar solo pudieron confirmar el deceso que ya parecía inevitable.
En un intento desesperado por aferrarse a un milagro, su hijo llegó a trasladarlo a un vehículo con la intención de llegar a una clínica cercana, pero los esfuerzos fueron en vano; el corazón de Manolo Rojas, ese que tanto amor y alegría repartió, se había detenido para siempre.
La reacción de la comunidad artística fue inmediata y visceral, reflejando el impacto profundo que Manolo tuvo en sus colegas.
Uno de los mensajes que más ha calado en la opinión pública fue el de Pablo Villanueva, conocido mundialmente como “Melcochita”.
Con palabras que denotan un vacío irreparable, el veterano humorista escribió: “Con mucho dolor te despido, Manolo Rojas, mi hermano del alma, mi amigo.
Tantos años, tantas anécdotas, tanto compartir.
Ahora estás en el cielo.
Descansa en paz, mi hermano”.
Estas líneas de Melcochita no son solo un adiós formal, sino el lamento de una generación de comediantes que ve cómo una de sus columnas más fuertes se desmorona.
Ernesto Pimentel, profundamente afectado, fue uno de los primeros en llegar a los exteriores de la vivienda del actor.
En un gesto de amor y respeto, compartió una fotografía que capturaba el último abrazo que ambos se dieron en un set de televisión.
Ese abrazo, que hoy adquiere un significado eterno, simboliza la fraternidad que reina en el mundo del entretenimiento peruano por encima de las competencias por el rating.
A esta cadena de despedidas se sumaron figuras como Mariela Zanetti y Mónica Cabrejos, quienes, entre lágrimas y recuerdos, relataron cómo la noticia las dejó paralizadas, evidenciando que Manolo era el nexo de unión entre muchos sectores del espectáculo.
Fernando Armas, compañero inseparable en innumerables batallas humorísticas, utilizó sus plataformas digitales para expresar una incredulidad que comparten millones.

“Toda la semana nos abrazábamos y nos saludábamos con mucho cariño.
Me acabo de enterar y no lo podía creer, Manolo Rojas, aún tenías muchas risas y canciones por dar”, escribió Armas.
Es precisamente esa sensación de interrupción, de una vida que todavía tenía mucho fuego por entregar, lo que hace que este 30 de marzo se sienta tan amargo.
Manolo no solo era un imitador de fuste; era un compositor prolífico que siempre estaba hablando de sus nuevas creaciones musicales, un artista completo que nunca dejó de evolucionar.
Uno de los testimonios más desgarradores ha sido el de Hernán Vidaurre.
Horas antes de la tragedia, ambos habían compartido cabina en la radio, manteniendo esa dinámica mágica que caracterizó al programa “Los Chistosos” en RPP durante años.
Vidaurre, con la voz entrecortada, declaró: “No puedo creer que ya no estarás conmigo y con todos los que te queremos, mi querido amigo y hermano Manolito.
Gracias por habernos regalado tu inmenso talento.
Gracias por haberme arrancado tantas risas.
Hermano mío, te voy a extrañar mucho”.
La química entre ambos trascendía el guion; eran una dupla que entendía el ritmo del humor peruano como pocos, y la ausencia de Manolo deja un hueco imposible de llenar en la radiofonía nacional.
El dolor se extendió también a otras figuras como Carlos Vílchez, quien con su característico cariño recordó el apodo que Manolo le tenía: “Arriba nos vemos, amiguito de mi corazón.

Para ti siempre seré tu Carlitos pirin pin pin.
Gracias siempre por los buenos momentos vividos”.
Estas anécdotas personales revelan el carácter lúdico y generoso de Rojas, alguien que no reservaba su chispa solo para las cámaras, sino que la llevaba como una bandera en su vida diaria.
Jorge Benavides también se sumó al homenaje compartiendo una anécdota reciente durante una Teletón, donde Manolo, con su astucia característica, lo convenció de grabar un video promocional que terminó siendo una invitación para que el propio Benavides participara en su show.
“Así es como lo recordaré a Manolo.
Todo con él era risa, todo era chiste”, sentenció JB, imaginando además el gran abrazo que Manolo se debe estar dando ahora mismo en el cielo con el recordado Guillermo Rossini.
La familia de Víctor Manuel Rojas Ibáñez, su nombre de pila, emitió un comunicado oficial que termina de romper el corazón de sus seguidores.
En él, describen a Manolo no solo como un profesional intachable, sino como un ser humano extraordinario, un maestro y un amigo que dejó un vacío inmenso.
Han informado que sus restos serán velados hoy al mediodía en la sala VIP del Gran Teatro Nacional en San Borja, un lugar a la altura de su leyenda, donde se espera que miles de peruanos acudan a darle el último adiós.

El legado de Manolo Rojas es vasto.
Desde sus inicios en los escenarios populares hasta su consagración en los programas de televisión más vistos del país, supo conectar con la gente desde lo más simple: la identificación.
Sus imitaciones no eran solo caricaturas; eran homenajes cargados de observación y respeto hacia los personajes que interpretaba.
Además, su faceta como compositor le permitió expresar una sensibilidad que a veces el humor ocultaba.
Artistas de diversos géneros, desde la salsa con Daniela Darcourt hasta el ámbito de la cumbia y el pop con figuras como Mario Hart y Ethel Pozo, han manifestado que el dolor de su partida es inexplicable.
Hoy, mientras el sol de marzo ilumina una Lima que se siente un poco más gris, queda claro que Manolo Rojas no se ha ido del todo.
Vive en cada sketch que se repite en YouTube, en cada risa que provocó en momentos de crisis nacional y en cada historia que ayudó a contar con su talento único.
Su partida nos invita a hacer una pausa necesaria para valorar a nuestros artistas mientras están con nosotros, reconociendo que detrás de la nariz roja o la peluca de imitación hay una vida dedicada enteramente a hacer más ligera la carga de los demás.
Manolo Rojas ha cumplido su última misión en la tierra y ahora, como bien dicen sus colegas, le toca el reto más grande de su carrera: hacer reír a Diosito.
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