Cuando la policía moral del régimen islámico de Irán me arrestó en las calles de Teerán el 5 de octubre de 2022, porque llevaba mi hijab incorrectamente, dejando ver mechones de cabello, cuando me arrastraron a una camioneta blanca sin placas, junto con otras siete mujeres que gritaban y lloraban cuando me llevaron a la prisión Evin, el lugar más temido de todo Irán, donde torturan y ejecutan a prisioneros políticos.

Cuando pasé 93 días en Zelda, de 2 met por 2 met con otras nueve mujeres sin ventanas, sin luz natural, comiendo una vez al día durmiendo en piso de concreto, cuando los interrogadores hombres con barba larga y ojos fríos me golpearon con cables eléctricos en la espalda, en las piernas, en los pies, gritándome: “¡Rostituta occidental, enemiga de Alá, traidora a la revolución islámica!” hasta que firmé confesión falsa, admitiendo que por herespía de Estados Unidos, aunque nunca había salido de Irán en mi vida, cuando finalmente me liberaron en enero de 2023, pero solo porque mi familia pagó soborno masivo y me prometió en matrimonio forzado a Josin, un comandante de los Vasig, la milicia paramilitar del régimen que tenía 45 años, que había golpeado personalmente a decenas de mujeres durante los protestos.

Yo pensé que mi vida había terminado.

Pensé que tenía dos opciones, casarme con mi torturador y vivir como esclava el resto de mi vida o suicidarme.

Pero no sabía que había tercera opción.

No sabía que en exactamente un año y medio iba a estar parada frente a la tumba de un adolescente italiano, muerto hace 19 años en una ciudad medieval llamada Asis.

No sabía que ese adolescente santo llamado Carlo Acutis me iba a dar tres milagros simultáneos que cambiarían todo.

Primero, el milagro físico sanando las cicatriz cicatrices de tortura que cubrían mi espalda.

Cicatrices que médicos dijeron eran permanentes, segundo el milagre psicológico curando el pericisolen, trastorno de estrés postraumático severo que me hacía despertar gritando cada noche reviviendo la tortura.

Y tercero, el milagre más peligroso de todos, el milagre de la conversión dándome paz sobrenatural para convertirme del Islam al catolicismo, sabiendo que eso me convertía en apóstata con sentencia de muerte automática en Irán.

Y lo que voy a revelarte ahora es mi historia completa desde los días oscuros en Prisión Evin, donde perdí mi humanidad hasta el día luminoso en Asís, donde la recuperé desde el momento que toqué el cristal de la urna de Carlo hasta el momento tres días después, cuando las cicatrices en mi espalda empezaron a desaparecer ante los ojos de médicos italianos que no tenían explicación científica.

Esta es historia que el régimen islámico de Irán no quiere que cuentes.

historia que me pone en peligro incluso ahora al compartirla porque hay iraníes leales al régimen en toda Europa que consideran deber religioso ejecutar apóstatas, pero la voy a contar de todas formas porque hay miles de mujeres iraníes sufriendo en este momento que necesitan saber que hay esperanza, que hay salida, que hay Dios que las ama no como ala distante y severo, sino como padre que abraza y que hay santos jóvenes como Carlos que interceden por nosotras desde el cielo.

Escribe en los comentarios sansendegias asadi que significa mujer, vida, libertad, el grito de batalla de los protestos en Irán.

Si conoces esas palabras, si sabes lo que está pasando en mi país, si entiendes que esta no es solo mi historia, sino historia de millones de mujeres iraníes que viven bajo opresión brutal del régimen fundamentalista.

Mi nombre es Sara Joseini, tengo 28 años, naciente eran capital de Irán el 12 de marzo de 1997, 2 años antes de que naciera Carlo Acutis en Londres, crecí en familia de clase media.

Mi padre rea era contador.

Mi madre Fatemé, profesora de literatura persa.

Tengo dos hermanos mayores Amir y Hassan.

Éramos familia musulmana practicante pero no extremista.

Mi madre usaba hijab pero no echador completo.

Mi padre rezaba cinco veces al día pero no era fanático.

Íbamos a Mezquita los viernes, ayunábamos en Ramadán, celebrábamos a todo normal para familia iraní, pero también teníamos libros occidentales en casa.

Mi madre me leía poesía de Rumia Fes, pero también de Shakespeare traducido.

Veíamos películas extranjeras en DVD pirateado.

Mi padre decía, “Sara, tienes que estudiar.

Educación es poder que nadie puede quitarte.

” Entonces estudié mucho.

Fui a escuela de niñas, obviamente, porque en Irán educación es segregada por sexo.

Me gradué con honores.

Entré a Universidad de Ciencias Médicas de Terán en 2015 para estudiar enfermería.

Mi sueño era ser enfermera, trabajar en hospital, ayudar a gente.

La universidad era menos restrictiva que escuela.

Podíamos usar IAB más suelto.

Podíamos estudiar con chicos en algunas clases, aunque sentados en secciones separadas.

Sentí por primera vez algo de libertad.

Hice amigas Minasrin, Parisa, chicas inteligentes que como yo querían carreras, querían vidas más allá de solo casarse.

Hablábamos en susurros sobre cosas prohibidas, sobre querer viajar al extranjero, sobre querer elegir nuestros propios esposos, sobre querer quitarnos hijab, al menos en privado, pero siempre con miedo, porque en Irán las paredes tienen oídos, siempre hay alguien informante del régimen.

En 2018, cuando tenía 21 años, algo pequeño, pero significativo, pasó, una mujer iraní llamada Vida Movahedi, se paró en calle de Teerán, se quitó su hijab, lo puso en palo y lo levantó como bandera.

La arrestaron inmediatamente, pero su foto se volvió viral.

La chica de la calle Revolución la llamaron, inspiró a otras mujeres.

Durante meses, docenas de mujeres hicieron lo mismo.

Se paraban en lugares públicos, se quitaban Ihab en protesta silenciosa.

Todas fueron arrestadas.

Yo las admiraba, pero tenía miedo.

“Sara, no seas tonta”, me decían mis amigas, “te van a meter a prisión.

” “Lo sé”, decía, “pero no es justo.

¿Por qué tenemos que cubrir nuestro cabello? Dios nos dio cabello para esconderlo, pero no protesté.

No fui valiente.

Seguí usando mi hija obedientemente porque tenía miedo.

Me gradué en 2022, tenía 25 años.

Empecé a trabajar en Hospital CA, enterán como enfermera.

Amaba mi trabajo, cuidar pacientes, aliviar dolor.

Sentía que tenía propósito, pero mi familia se empezó a presionar.

Sara, ya tienes 25 años.

Necesitas casarte.

Te estás volviendo vieja.

En Irán, si mujer no está casada a los 25, es considerada solterona.

Mi madre empezó a presentarme pretendientes, hombres que ella y mi padre elegían.

Yo los rechazaba.

No los conozco.

¿Cómo puedo casarme con extraños? Así es nuestra tradición, Sara.

Conoces al esposo después de casarte.

Pero yo quería elegir, quería amor, quería lo que veía en películas occidentales, aunque sabía que era probablemente fantasía.

Entonces llegó septiembre de 2022, el mes que cambió todo en Irán.

El 13 de septiembre arrestaron a Masamini, chica curda de 22 años entre Irán porque su hija estaba mal puesto.

La llevaron a estación de policía moral.

Tres días después estaba muerta.

El régimen dijo que tuvo ataque cardíaco, pero testigos dijeron que la golpearon brutalmente en la cabeza.

Su funeral se convirtió en protesto.

Mark Bar, dictador.

Muerte al dictador, gritaba la gente.

Los protestos se extendieron por todo Irán.

Millones de personas en calles, mujeres en el frente quitándose Ijab, quemándolo gritando, Sanendejasadi, mujer, vida, libertad, hombres apoyándolas, jóvenes viejos, ricos pobres.

Todo Irán se levantó contra 43 años de opresión del régimen islámico.

Yo vi videos en Instagram antes de que bloquearan internet.

Vi mujeres cortándose el cabello en público en protesta.

Vi chicas universitarias bailando sin hijab.

Vi gente derribando carteles de los hayatolas.

Algo dentro de mí se rompió.

Ya basta, pensé.

Si todas estas mujeres son valientes, yo también puedo serlo.

Si estás siguiendo esta historia hasta aquí, por favor, suscríbete al canal y activa la campanita, porque lo que viene ahora es la parte más difícil de contar, la parte donde participé en protestos, donde me arrestaron, donde me torturaron, donde perdí parte de mi humanidad.

Pero necesitas escucharlo completo para entender por qué el milagro de Carlos fue tan poderoso, porque su intercesión literalmente me salvó la vida.

5 de octubre de 2022 era mi día libre del hospital.

Mis amigas Mina y Nasarrin me llamaron.

Sara, hay protesto grande hoy en Plaza Banac a las 4 de la tarde.

Vamos.

No sé, chicas, es peligroso.

Sara, si no protestamos ahora, ¿cuándo? Mas murió por nosotras.

Tenemos que hacer algo.

Tenían razón.

Okay, voy.

Nos juntamos.

Éramos tal vez 20 amigas de universidad y trabajo.

Caminamos hacia Plaza Banac.

Había cientos de personas ya ahí, mayoría jóvenes, muchas mujeres sin Ihab o con Ihab suelto, gritaban consignas Mark Bar, dictador, Sansendej y Asadi.

El ambiente era eléctrico, mezcla de miedo y emoción.

Alguien empezó a gritar.

Quitémonos el hijab.

Docenas de mujeres lo hicieron.

Yo dudé.

Mis manos temblaban.

Miré a Mina, ella ya se había quitado el suyo.

Sara, hazlo.

Respiré profundo.

Me quité mi jab.

Sentí aire en mi cabello por primera vez en público desde que tenía 9 años.

Sentí terror, pero también libertad embriagadora.

Empezamos a a agitar nuestros hijabs en el aire como banderas.

La multitud aplaudía.

Entonces escuchamos sirenas.

Camionetas blancas de policía moral llegaron de todas direcciones.

Hombres con uniformes negros, con porras con gases lacrimógenos comenzaron a golpear a gente.

El pánico.

Gente corriendo gritando.

Yo traté de correr, pero alguien me agarró del brazo.

Era gente de policía moral.

¿Dónde crees que vas, perra? Me arrastró junto con otras siete mujeres a camioneta.

Nos tiraron adentro como sacos.

Nos llevaron no sé dónde con ojos vendados.

Cuando nos quitaron vendas estábamos en Prisión Evin.

Prision Evin es lugar de pesadillas, edificio gris en montañas al norte de Teerán.

Ahí torturan y ejecutan a prisioneros políticos, periodistas, activistas, disidentes.

Cuando entramos nos gritaron, “Quítense toda la ropa.

” Nos dieron uniformes grises.

Nos raparon el cabello completamente, nos dieron números.

Yo era prisionera 843.

Nos metieron en celdas pequeñísimas.

Mi celda era 2 m por 2 m.

Había 10 mujeres ahí dentro.

No había cama, solo piso de concreto.

Un agujero en esquina como baño, olor insoportable.

Las mujeres ahí llevaban semanas, algunas meses.

Estaban demacradas, sucias, desesperadas.

¿Qué? No hiciste, al menos nada, me preguntaron.

Protesté, me quité hijab.

Ay, chica, te van a interrogar duro.

Desde esa noche no pude dormir.

Piso frío, sonidos de gritos de otras celdas, llantos, golpes en paredes, era infierno.

Al día siguiente vino guardia.

843 ben me llevaron a cuarto de la interrogación, cuarto pequeño sin ventanas, una silla en medio con correas, hombre mayor con barba larga sentado detrás de escritorio.

Siéntate.

Me senté.

Nombre completo.

Sara Joseini.

¿Por qué estabas en protesto? Porque no es justo que Masa Amini te muriera por Ijab.

Me abofeteó tan fuerte que caí de silla.

¿Cómo te atreves a cuestionar la ley islámica? Eres enemiga de Alá, enemiga de la revolución.

Me levantó, me amarró a silla con correas, saco cable eléctrico.

Voy a enseñarte a respetar el Islam.

Empezó a golpearme con cable en espalda, en piernas, dolor indescriptible como fuego líquido corriendo por mi cuerpo.

Grité hasta que no tenía voz.

Confiesa que eres espía de Estados Unidos.

No soy espía.

Más golpes.

Confiesa que Israel te paga.

No es cierto, más golpes.

Esto duró 3 horas.

Finalmente dije lo que querían.

Sí, soy espía, confieso.

Firmé papel que ni siquiera pude leer porque mis ojos estaban hinchados de llorar.

Me llevaron de regreso a Zelda.

Colapsé en piso.

Los siguientes 90 días fueron los peores de mi vida.

Interrogaciones cada tr días, siempre tortura.

A veces golpes, a veces simulacros de ejecución.

Ponían pistola en mi cabeza y jalaban gatillo, pero estaba vacía.

A veces privación de sueño me dejaban parada tres días seguidos.

Si me dormía, me golpeaban.

Perdí la cuenta del tiempo.

No sabía qué día era.

Perdí 10 kg.

Mi cabello que había rapado empezó a crecer feo.

Mis uñas se rompían.

Mi piel tenía infecciones.

Pero lo peor era la psicológico.

Cada noche tenía pesadillas reviviendo la tortura.

Durante el día tenía ataques de pánico cuando escuchaba pasos de guardias.

Desarrollé lo que ahora sé que era PTS de trastorno de estrés postraumático.

Dejé de sentir emociones.

Me volví como zombie.

Solo existía.

Ya no era Sara, era prisionera 843.

Escribe en los comentarios Prision Evin, si sabías de este lugar, si conoces las atrocidades que el régimen islámico de Irán comete ahí contra su propio pueblo, especialmente contra mujeres que solo quieren libertad básica de elegir su ropa.

En diciembre de 2022, después de 93 días guardia vino, 843 hoales, no podía creer.

¿Por qué? Tu familia pagó fianza, pero hay condiciones.

Me llevaron a oficina.

Oficial leyó documento.

Sara Joseini, eres liberada bajo condición de que te cases inmediatamente con Josein Karimi, comandante de Basij, y que nunca participes en actividades contra el régimen.

Si rompes estas condiciones, volverás aquí permanentemente.

Firmas.

Miré el papel.

Casarme con Josin.

¿Quién era? Si no firmas, te quedas aquí para siempre.

Firmé.

Me dieron mi ropa sucia.

Me dejaron ir.

Afuera estaba mi familia.

Mi madre llorando.

Mi padre serio.

Me abrazaron.

Sara.

Gracias a Dios.

En taxi a casa, mi padre explicó.

Sara, pagamos todo lo que teníamos para sacarte.

Vendimos autojoyas y tuvimos que prometer que te casarías con Josein.

Él es comandante de Basich.

Tiene 45 años.

Nos pidió tu mano cuando supo que estabas en Evin.

Padre, no puedo casarme con él.

No lo conozco.

Sara, no tienes opción.

Si no te casas con él, nos meterán a todos a prisión por tu culpa.

Piensa en tus hermanos.

Llegué a casa, me vi en espejo, no me reconocí.

delgada, pálida, cabello rapado creciendo desigual, ojos muertos, cicatrices en espalda y piernas de los cables.

¿Qué me hicieron? Lloré.

Durante enero, febrero, marzo de 2023 viví como fantasma.

No podía trabajar en hospital porque régimen me había puesto en lista negra.

Me quedaba en casa todo el día, tenía pesadillas cada noche.

Despertaba gritando, reviviendo tortura.

Eh, mis padres no sabían qué hacer.

Eh, me llevaron a psiquiatra, pero tuve que mentir sobre qué me pasó porque no podía decir que fui torturada.

Eso sería admitir que fui arrestada.

Psiquiatra me dio pastillas para dormir para una ansiedad, no ayudaban mucho.

Josein, el comandante Basig, venía a visitarme cada semana para planear boda.

Era hombre alto, con barba negra y ojos crueles.

Siempre vestía uniforme negro de basij.

Me hablaba como si yo fuera su propiedad.

Sara, cuando nos casemos, ¿vas a usar chador completo? ¿Vas a cocinar y limpiar? ¿Vas a darme hijos? ¿Vas a obedecer? Yo asentía en silencio porque no tenía voz, no tenía voluntad, estaba rota.

Pero en marzo de 2023 algo pequeño pasó que plantó semilla.

Estaba sola en casa.

Mis padres habían salido.

Prendí computadora, busqué en Google cómo escapar de Irán.

Encontré foros de iraníes que habían huído.

Leí historias de gente que cruzó fronteras ilegalmente, que pidió asilo en Turquía o en Europa.

Es posible, pensé.

Tal vez puedo escapar.

Empecé a a investigar en secreto.

Cada día cuando estaba sola leía sobre rutas de escape, sobre contrabandistas, sobre cómo llegar a Turquía.

Guardaba información en USB escondido.

Empecé a ahorrar dinero en secreto, pequeñas cantidades que robaba de billetera de mi padre.

Durante 6 meses planeé mi escape.

La boda con Josin estaba programada para septiembre de 2023.

tenía hasta entonces para juntar dinero y valor.

En agosto de 2023, un mes antes de la boda, encontré contrabandista en Foro Online.

Se hacía llamar Asad, que significa libre.

Le escribí, “Necesito salir de Irán lo antes posible.

¿Cuánto cuesta?” “3,000.

Te llevo a Turquía.

Cruzamos frontera por montañas de noche.

Tengo 2,000.

Okay, 2000, pero es peligroso.

Si te atrapan, te ejecutan por traición.

Lo sé.

El 20 de agosto 2023.

Le dije a mi familia que iba a quedas con amigas en casa de Mina.

En vez me encontré con Asad en estación de autobús.

Era hombre de 40 años con cicatriz en cara.

Lista, lista.

Subimos a auto con otros tres fugitivos.

Manejamos 10 horas al noroeste hacia frontera con Turquía.

Llegamos a pueblo pequeño montañoso.

Aquí caminamos.

Empezamos a subir montaña a las 2 de la mañana.

Era agosto, pero hacía frío.

Caminamos 6 horas en oscuridad total.

Yo con tenis deportivos y mochila pequeña varios veces casi caigo por riscos.

Finalmente Asad dijo, “Ya cruzamos.

Esto es Turquía.

” Empecé a llorar.

Estoy libre.

Sí, pero apúrate.

Necesitas llegar a Banciudad turca y pedir asilo.

Nos dejó ahí.

Caminamos otras 4 horas hasta encontrar camino.

Paramos auto que pasaba.

Conductor turco nos llevó a Van.

Si esta historia te está impactando, por favor, dale like y compártela, porque lo que viene ahora es cómo llegué a Italia, cómo terminé en Así, cómo encontré a Carlo y como él me dio milagro que sanó no solo mi cuerpo, sino mi alma.

En Banturquía fui a oficina de refugiados de ONU.

Soy iraniwi del régimen necesito asilo.

Me registraron, me dieron papel temporal, me enviaron a campo de refugiados.

Pasé 4 meses ahí, agosto a diciembre 2023.

Condiciones terribles, tiendas de campaña, cientos de refugiados iraníes, afganos, sirios.

Pero al menos era libre.

No tenía que casarme con Josén.

Mis padres me llamaban llorando.

Sara, vuelve, por favor.

No puedo, padre.

El régimen te busca.

Hay orden de arresto.

Josén está furioso.

Dice que deshonraste a su familia.

Dile que lo siento, pero prefiero morir libre que vivir como esclava.

Colgé.

Nunca más hablé con mi familia.

En campo de refugiados conocí a Sara, mujer iraní de 30 años que también había huído.

Sara, tienes que aplicar para asilo en Europa.

Turquía no es seguro.

Hay muchos agentes del régimen iranía aquí.

¿Cómo aplico? Hay organizaciones que ayudan.

Yo estoy aplicando para Italia.

Aplicamos juntas.

En noviembre 2023 nos aprobaron.

Nos dieron papeles para viajar a Italia.

En diciembre volamos de Ancarán a Roma.

Llegamos a Italia el 15 de diciembre 2023.

Fue primer vez que vi nieve.

Roma estaba hermosa, con decoraciones navideñas, aunque no sabía que era Navidad porque en Irán no existe.

Nos mandaron a centro de refugiados en outskirts de Roma.

Cuartos pequeños pero limpios, comida tres veces al día, clases de italiano.

“Sara, empiezas vida nueva”, me dijo Sara.

Durante los siguientes 6 meses diciembre 2023 a junio 2024, me establecí en Italia, aprendí italiano básico, conseguí permiso de trabajo temporal, empecé a trabajar como asistente de enfermería en clínica pequeña.

Ganaba poco, pero era suficiente.

Renté cuarto pequeño.

Por primera vez en mi vida vivía sola, sin supervisión masculina, sin reglas absurdas.

Podía salir cuando quería vestir como quería hablar con quien quería.

Usé hijab las primeras semanas por costumbre.

Luego un día simplemente no me lo puse.

Salí con cabello libre.

Sentí aire en mi cabello.

Sentí sol.

Lloré de felicidad.

Soy libre de verdad.

Pero también tenía problemas serios.

Las pesadillas continuaban.

Cada noche soñaba con prisión.

Evin.

Despertaba gritando, sudando.

Mi compañera de cuarto se quejaba.

Durante el día tenía ataques de pánico.

De repente, sin razón, mi corazón se aceleraba.

No podía respirar.

Sentía que me ahogaba, pasaba en supermercado, en calle, en trabajo.

Fui a médico italiano.

Me diagnosticó con PTSD.

Trastorno de estrés postraumático severo.

Sagra, fuiste torturada.

Tu cerebro está traumatizado.

Necesitas terapia y medicación.

Me dio pastillas antidepresivos, ansiolíticos, pastillas para dormir.

Tomaba seis pastillas diferentes al día.

Ayudaban un poco, pero no mucho.

Además, tenía cicatrices horribles en mi espalda y piernas de los cables eléctricos que usaron en tortura, líneas rojas gruesas queoides que dolían y picaban.

Dermatólogo italiano dijo, “Sara, estas cicatrices son permanentes, son muy profundas.

Lo único que podemos hacer es cirugía plástica, pero es caro y tal vez no funcione.

Me sentía fea, rota, defectuosa.

Había escapado físicamente de Irán, pero Irán no había escapado de mí.

Llevaba la prisión dentro.

En junio de 2024, Sara, mi amiga, me dijo, “Sara, hay grupo de refugiadas iraníes que va de excursión a ciudades italianas cada mes.

Este mes vamos a Asís, ciudad medieval hermosa.

¿Quieres venir? ¿Qué hay en Asís? No sé, es turismo cultural.

Dicen que hay santo joven con cuerpo preservado.

Okay, voy.

Necesitaba distracción.

El 15 de julio 2024.

Éramos 15 mujeres iraníes refugiadas.

Tomamos autobús de Roma de Asís.

2 horas de viaje.

Llegamos mediodía, ciudad preciosa en Minin.

Montaña, calles de piedra, edificios medievales.

Almorzamos en restaurante.

Guía nos llevó a varios lugares.

Basílica de San Francisco, fortaleza medieval, finalmente dijo, “Ahora vamos a ver el Santo Joven, Carlo Acutis.

” ¿Quién es? Preguntamos.

Adolescente italiano.

Murió en 2006 con15 años.

Fue bebatificados hace pocos años.

Su cuerpo está incorrupto.

Incorrupto, ¿qué significa? ¿Que no se descompuso? ¿Está preservado milagrosamente? Pensé que era truco químico, pero me dio curiosidad.

Escribe Carlos Acutis en los comentarios si ya conocías a este santo antes de este video o si es primera vez que escuchas de él, porque necesito saber cuánta gente ya sabe de este adolescente que cambió mi vida.

Entramos al santuario del despojamiento, iglesia pequeña, hermosa.

Había fila de gente esperando ver la urna.

Nos formamos, esperamos 20 minutos, yo miraba alrededor.

Nunca había estado en Iglesia Cristiana.

En Irán está prohibido.

Había crucifijos, estatuas de santos velas.

Me sentía incómoda.

Sara, esto no es hará prohibido para nosotras.

Sara, ya no somos musulmanas practicantes.

Yo dejé el Islam cuando el régimen me torturó.

Si Alá permite eso, entonces no es Dios que quiero adorar.

Sus palabras me impactaron porque yo sentía igual, pero no lo había verbalizado.

Finalmente llegamos frente a la urna de cristal.

Vi cuerpo de adolescente vestido con chin zapatilla sudadera, rostro sereno, manos cruzadas sosteniendo Rosario.

¿Está realmente muerto? Sí, murió en 2006 años.

Imposible.

Parece que está durmiendo.

Mi mente médica trataba de explicarlo.

Formoló el conservantes químicos, pero algo se sentía diferente.

Había atmósfera en ese lugar, pas tangible, gente llorando, rezando.

Me acerqué al reclinatorio, había espacio.

Me arrodillé instintivamente, aunque no sé por qué.

Miré el rostro de Carlo, chico joven mi edad, cuando murió 28 yo cuando estaba mirándolo.

¿Quién eras?, pensé.

¿Qué hiciste en 15 años que Dios te preservó así? Cerré mis ojos.

No sabía cómo rezar en Iglesia cristiana.

Empecé a hablar en mi mente en fars y mi idioma.

No sé si puedes escucharme, Carlos, o no sé si esto es real, pero estoy rota.

El régimen de mi país me rompió, me torturaron.

Tengo cicatrices que no sanan, tengo pesadillas cada noche.

No puedo dormir.

No puedo vivir normal.

Si puedes ayudarme de alguna forma, por favor, hazlo.

Abrí mis ojos.

Nada había cambiado.

La iglesia, la urna, todo igual.

Me sentí tonta.

¿Por qué le hablo a cuerpo muerto? Me levanté, me reuní con Sara.

Vamos, ya terminamos aquí.

Salimos, tomamos autobús de regreso a Roma.

Esa noche en mi cuarto me acosté esperando las pesadillas como siempre, pero algo extraño pasó.

Dormí 8 hor 8 horas completas, sin despertar, sin soñar, sin gritar.

Desperté confundida, miré reloj.

9 de la mañana.

Imposible.

Siempre despierto a las 3 gritando.

Me toqué la cara estaba seca.

Normalmente despertaba empapada en sudor.

¿Qué pasó? Pensé que tal vez las pastillas finalmente estaban funcionando, pero había tomado las mismas pastillas durante seis meses y nunca habían funcionado así.

La segunda noche igual, dormí profundamente, la tercera noche igual, una semana después me di cuenta.

Las pesadillas se detuvieron.

Fui donde mi psiquiatra.

Doctora, algo cambió.

Ya no tengo pesadillas.

Ella sorprendida.

Sara, eso es extraordinario.

PTSD no se cura así de rápido.

Usualmente toma años de terapia.

No sé qué pasó, doctora.

Pero yo sí sabía, algo había pasado en Asís.

Dos semanas después del viaje a Asís, finales de julio 2024, estaba en ducha y Sara, que compartía apartamento conmigo, gritó, “¡Sara, ven rápido.

” Salí con toalla.

“¿Qué pasa? Tu espalda.

¿Qué tiene mi espalda? Las cicatrices Sara están diferentes.

Corrí al espejo, me quité toalla, miré mi espalda.

Las cicatrices gruesas, rojas que había tenido durante año y medio estaban más claras, más delgadas.

No puede ser.

Toqué una, ya no dolía.

Sara, sácame foto.

Ella sacó foto con su celular.

Comparamos con foto vieja de hace dos meses.

La diferencia era obvia.

Las cicatrices estaban desapareciendo.

Sara, ¿cómo es posible? No lo sé, pero en mi corazón sí sabía.

Fui a dermatólogo dos días después.

Doctore, mis cicatrices están cambiando.

Él me examinó.

Sara, esto es muy inusual.

Cicatrices queoides no mejoran solas, al contrario, empeoran con tiempo.

Pero las tuyas están sanando.

¿Qué tratamiento estás usando? Ninguno dotore.

Imposible.

Algo debe estar pasando, pero no había explicación médica.

Durante agosto 2024, las cicatrices continuaron mejorando.

Cada semana un poco más claras, más pequeñas.

Para septiembre casi habían desaparecido, solo quedaban líneas rosadas muy tenues.

Yo estaba asombrada, además de cicatrices desapareciendo.

Mis segataques de pánico también se detuvieron.

El PTS que me había atormentado durante 2 años estaba curado.

Dejé de tomar seis pastillas.

Mi psiquiatra no lo podía creer.

Sara, has tenido remisión espontánea completa.

En 30 años de práctica nunca he visto algo así.

Es milagro, doctora.

No creo en milagros, Sagra, pero no tengo otra explicación.

Yo sabía que era milagro.

Sabía que Carlo había intercedido por mí.

Decidí volver a Asís.

Fui sola.

Entré en el 5 de septiembre 2024.

Llegué a la iglesia.

Había poca gente.

Me arrodillé frente a la urna de Carlos.

Gracias, dije en voz alta.

No sé cómo hiciste esto, pero gracias por curarme.

Lloré durante 30 minutos, pero entonces algo más pasó.

Sentí presencia, no física, sino espiritual, y escuché, no con oídos, sino en corazón, voz suave hablando en fars y perfecto.

Sara, te curé el cuerpo, ahora necesito curar tu alma.

¿Quién eres? Soy Isa.

Isa es nombre en fars y para Jesús, mi corazón se aceleró.

En islam me enseñaron que Isa fue profeta, pero solo profeta, que nunca murió en cruz, que Alvó al cielo.

Pero esta voz decía, “Sara, morí en cruz por ti, resucité por ti y ahora te llamo a seguirme, pero yo soy musulmana.

” Eras musulmana, Sara, pero el régimen que te torturó lo hizo en nombre de Alah.

El comandante que iba a cazarte por fuerza recitaba Corán.

Los guardias que te golpearon gritaban: “¡Allahu Akbar! ¿Ese es el Dios que quieres seguir? No.

Entonces, sígueme a mí.

Yo no torturo, yo sano.

Yo no esclavizo, yo libero.

Yo no exijo sumisión, yo ofrezco amor.

Isa, tengo miedo.

Lo sé, Sara, pero yo estoy contigo y Carlos está intercediendo por ti.

Él me pidió que te salvara.

Abrí mis ojos.

Estaba temblando.

Miré a Carlo en la urna.

Tú me llevaste a Isa.

Sentí paz profunda como respuesta.

Salí de iglesia.

Caminé por Asís durante horas procesando.

Puedo convertirme al cristianismo? Eso me hace apóstata.

En Islam apostasía se castiga con muerte.

Si alguien en Italia que es leal al régimen iraní se entera, pueden intentar matarme.

Pero entonces recordé las palabras de Isa, yo estoy contigo.

Decidí tomar el riesgo más grande de mi vida.

Suscríbete al canal y activa la campanita si quieres seguir historias como esta, porque lo que voy a contar ahora es mi proceso de conversión, mi bautismo y cómo estoy viviendo hoy como cristiana exmusulmana iraní refugiada en Italia.

Volví ais la semana siguiente busqué sacerdote.

Encontré pequeña iglesia entre tímida.

Había padre anciano.

Padre habla inglés.

Si un poes a little.

Necesito hablar con usted.

Nos sentamos.

Le conté toda mi historia.

Irán, tortura, escape, refugio, Carlo, milagro, visión de Isa.

Padre, quiero convertirme al cristianismo, pero tengo miedo.

Él escuchó en silencio.

Cuando terminé tenía lágrimas.

Flia, Diog te ha elegido.

No tengas miedo, te voy a enseñar.

Vamos a prepararte para bautismo.

Durante tres meses, septiembre a noviembre 2024, viajaba a Así cada fin de semana.

Padre Yuspe me enseñaba catecismo sobre trinidad, sobre salvación por gracia, sobre eucaristía.

Cada enseñanza era revelación.

En Islam me enseñaron que Alá es distante, severo, que debo ganarme su favor con cinco oraciones y ayunos.

Pero usted dice que Dios es padre, que me ama incondicionalmente.

Sí, exactamente, Sakle.

En Islam me enseñaron que Isa solo fue profeta, pero usted dice que es hijo de Dios que murió por mis pecados.

Sí.

¿Cómo puedo saber que es verdad? Sara, mira tu vida.

El régimen islámico te torturó en nombre de Alah, pero Jesús te sanó en nombre del amor.

¿Cuál es verdadero Dios? Sus palabras me convencieron.

El 8 de diciembre de 2024, fiesta de Inmaculada Concepción.

Aunque yo no sabía qué significaba eso, fui bautizada en Catedral de Asís, ceremonia muy hermosa.

Padre Yuspe me bautizó.

Sara, yo te bautizo en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Agua corriendo por mi cabeza.

Sentí como si capas de oscuridad se desprendieran de mí.

Tomé nombre cristiano María, porque en Islam también respetamos a Mariam, madre de Isa.

Ahora soy María Sara.

Después de bautismo fui directamente a tumba de Carlos.

Carlo, gracias.

Tú intercediste por mí.

Me llevaste a Isa.

Ahora soy hija de Dios.

Besé el cristal.

Sentí como si Carlos sonriera.

Hoy enero 2025.

Un mes después de mi bautismo, vivo en Roma.

Trabajo como enfermera.

Voy a misa cada domingo.

Estudio más sobre fe católica.

Las cicatrices en mi espalda casi han desaparecido completamente.

El PTSD está curado.

Duermo en paz.

Vivo en paz, pero también vivo con peligro.

Hay iraníes legales al régimen en toda Europa.

Algunos me han reconocido.

He recibido mensajes amenazantes.

Apóstate, pagarás por traicionar Islam.

Te vamos a encontrar, pero ya no tengo miedo porque sé que Isa me protege.

Sé que Carlo intercede por mí y sé que si me matan voy directo al cielo.

Mi mensaje para mujeres iraníes que están sufriendo bajo régimen islámico, para mujeres de cualquier país musulmán fundamentalista que viven oprimidas, es este: hay salida, hay esperanza, no tienes que vivir en prisión.

Isaama no como Alá que exige su misión.

sino como padre que ofrece abrazo.

Sé que es aterrador dejar Islam, sé que hay peligro real, pero vida en libertad con Dios verdadero vale cualquier riesgo.

Y si necesitas ayuda, ve a tumba de Carlo Acutis en Asís.

O si no puedes ir solo piel en oración, él entiende lo que es ser joven y valiente.

Él te llevará a Isa como me llevó a mí.

Mi nombre es María Sra Joseini.

Tengo 28 años.

Fui torturada durante 93 días en Prision por Régimen Islámico de Irán.

Escapé a Turquía, luego a Italia.

Visité tumba de Carlo Acutis el 15 de julio 2024.

Carlo me dio tres milagros.

Primero curó mi PTSD, que me torturaba cada noche.

Segundo, sanó las cicatrices de tortura que cubrían mi espalda.

Tercero, me dio paz sobrenatural para convertirme al cristianismo, aceptando riesgo de ser considerada apóstata.

Fui bautizada el 8 de diciembre 2024.

Ahora vivo libre por primera vez en mi vida.

Y aunque régimen iraní me considera enemiga y algunos musulmanes radicales me consideran objetivo legítimo, ya no tengo miedo porque Isa está conmigo y Carlo intercede por mí desde el cielo.

Carlo Acutis, gracias por salvarme, gracias por no dejarme en desesperación, gracias por llevarme a Isa.

Sigue intercediendo por mujeres iraníes y de todo el mundo que sufren bajo opresión religiosa.

Sigue mostrándoles que Dios es amor, no tiranía.

Isa Jesús, gracias por morir por mí en cruz.

Gracias por resucitar dándome esperanza.

Gracias por sanarme completamente.

Ayúdame a vivir digna de este sacrificio.

Protégeme de quienes quieren hacerme daño y úsame para llevar tu mensaje de libertad a otras mujeres que sufren.

San Sendegui Asadi, mujer, vida, libertad.

Señor