Francisco José Hernández Mandujano, mejor conocido como Chico Che, es uno de los músicos más emblemáticos y queridos que ha dado México.
Su legado musical, su humildad y su estilo único lo convirtieron en un ícono de la música tropical mexicana, especialmente en su tierra natal, Tabasco.
Pero detrás de su fama y carisma, hay una historia de lucha, autenticidad y un final trágico que aún genera curiosidad y respeto entre sus seguidores.
Chico Che nació el 7 de diciembre de 1945 en la colonia San Rafael de la Ciudad de México, aunque siempre se consideró tabasqueño, ya que toda su familia provenía de ese estado.
Oficialmente registrado en Teapa, Tabasco, su nacimiento en la capital fue más bien una casualidad, pues su corazón y sus raíces siempre estuvieron en su tierra natal.
Desde pequeño, enfrentó la tragedia de perder a sus padres a los cinco años, quedando bajo el cuidado de su hermana mayor Matilde, quien no solo fue su protectora sino también su manager y principal apoyo en su carrera artística.
Durante su adolescencia, Chico Che vivió entre Tabasco y la Ciudad de México, cursando estudios en Querétaro y luego en el Instituto Juárez de Tabasco.
Aunque inició la carrera de derecho, su verdadera vocación era la música, un talento que desarrolló de manera autodidacta tocando diversos instrumentos como guitarra, piano y saxofón.
Contrario a la creencia popular, su primer grupo musical no fue tropical, sino de rock and roll.
A los 19 años formó “Aguas con esto, los temerarios”, un grupo que grabó un disco con covers de rock.
Sin embargo, este proyecto fue efímero y se disolvió, marcando el inicio de una trayectoria que pronto tomaría un rumbo diferente.
En 1968, Chico Che decidió volver a sus raíces y fundó la banda “La Crisis”, nombre inspirado en los tiempos difíciles que vivía México.
Con este grupo comenzó a grabar canciones que se hicieron populares en el sur del país, especialmente en Tabasco.
Temas como “Derrumbaron el puente”, “La espinita” y “El paraíso” fueron éxitos regionales que prepararon el camino para su fama nacional.
La banda evolucionó con nuevos integrantes que aportaron frescura y sabor, como el saxofonista Eugenio Flores, quien dio un giro innovador al sonido del grupo.
Chico Che mezclaba ritmos tropicales con elementos de rock, merengue, cumbia y hasta música folklórica del sureste mexicano, creando un estilo inconfundible que hacía bailar a todos.
Uno de los aspectos más distintivos de Chico Che fue su imagen: siempre vestido con un overall, una prenda sencilla que normalmente se usa para trabajar y proteger la ropa.
Mientras otros artistas buscaban verse sofisticados, él apostó por la sencillez y la autenticidad, ganándose el apodo de “el hombre del overall”.
Esta elección no solo fue un acierto estético, sino un símbolo de humildad y cercanía con el pueblo.
Su música combinaba crítica social con humor, usando un lenguaje popular y directo que conectaba con la gente común.
Canciones como “El sustrazo del negrazo” y “Dónde te agarró el temblor” reflejaban temas actuales y situaciones cotidianas, siempre con picardía y ritmo pegajoso.
Chico Che popularizó frases como “Kenshón” y “¿Quién pompó?”, que se convirtieron en parte del lenguaje cotidiano mexicano.
Su música no solo entretenía, sino que también contaba historias del México real, con personajes y escenarios reconocibles para su público.
Temas como “El Restaurantito” narraban vivencias urbanas con humor y crítica social.
Su estilo fresco y coloquial lo hizo eterno, y su legado musical sigue vigente, con nuevas generaciones que disfrutan sus canciones y reconocen la influencia que tuvo en la cultura popular.
A pesar de su fama, Chico Che mantuvo un perfil bajo y una vida sencilla.
Se casó con Concepción Rodríguez Garduza y tuvo tres hijos, entre ellos Roberto Carlos, quien ha seguido los pasos de su padre en la música.
Chico Che era conocido por ser una persona alegre, genuina y muy cercana a su gente, sin dejar que la fama le subiera a la cabeza.
Incluso el presidente Andrés Manuel López Obrador, también tabasqueño, ha reconocido públicamente la inteligencia y buen corazón de Chico Che, recordando su amistad desde la juventud y su apoyo en campañas políticas.
El 29 de marzo de 1989, Chico Che falleció repentinamente a los 43 años en su casa en la Ciudad de México.
La causa oficial fue un infarto agudo al miocardio, posiblemente agravado por un derrame cerebral.
Se sabe que padecía diabetes y sobrepeso, factores que contribuyeron a su muerte prematura.
Aunque existen rumores sobre adicciones, especialmente al consumo de marihuana, la evidencia apunta a problemas de salud relacionados con la diabetes como la causa principal.
Su muerte fue un golpe duro para México y especialmente para Tabasco, donde su legado sigue vivo y es recordado con cariño.
Chico Che compartió escenario y gusto musical con Rigo Tobar, otro gigante de la música tropical mexicana.
Ambos eran fanáticos del rock and roll y tenían estilos únicos que prendían a la gente en los bailes.
Aunque hubo momentos de tensión y rivalidad, su relación fue de respeto y admiración mutua.
Juntos marcaron una época dorada de la música tropical en México, y su influencia perdura en la cultura popular.
En Villahermosa, Tabasco, existen homenajes a Chico Che, como una calle que lleva su nombre y una estatua en el parque Tabasco, donde se celebra la feria estatal.
Su música sigue sonando en fiestas y eventos, y su estilo continúa inspirando a músicos y fans.
Su hijo Roberto Carlos, conocido como Chico Che Jr., mantiene viva la llama interpretando las canciones de su padre y llevando su ritmo y picardía a nuevas audiencias.
Chico Che fue mucho más que un músico; fue un símbolo de autenticidad, humildad y alegría popular.
Su música, su estilo y su personalidad lo convirtieron en un ícono que trascendió generaciones y regiones.
Aunque su vida terminó prematuramente, su legado sigue vivo en el corazón de México y en la memoria colectiva de quienes disfrutan de su ritmo sabrosón y sus letras llenas de humor y verdad.
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