El médico ateo que declaró a Carlo Acutis muerto descendió al necrotorio con una sensación de escepticismo. Siempre había sido un hombre de ciencia, guiado por la lógica y la razón, y la muerte de Carlo no era diferente de cualquier otro caso que había enfrentado.
Sin embargo, al acercarse al cuerpo, algo inexplicable comenzó a suceder.
El ambiente estaba frío y silencioso, pero una extraña energía parecía emanar del joven.
El médico dudó por un momento, sintiendo un escalofrío recorrer su espalda.
Como un hombre que siempre confiaba en evidencias concretas, se encontró ante una situación que desafiaba su comprensión.
El rostro de Carlo estaba sereno, como si estuviera en paz, y eso lo hizo reflexionar sobre la vida y la muerte de una manera que nunca había hecho antes.
Pero lo que realmente lo sorprendió fue la sensación que lo invadió al tocar el cuerpo.
Era como si una ola de calor y luz lo envolviera, algo que no podía ser explicado.
“Esto no tiene sentido”, pensó, luchando contra la confusión que se instalaba en su mente.
Se preguntó si estaba imaginando cosas, si su mente le estaba jugando trucos debido a la carga emocional del momento.
¿Por qué se sentía tan atraído por ese cuerpo, por ese joven que había vivido con tanta intensidad? La presencia de Carlo parecía trascender la muerte, y el médico, que siempre se consideró un hombre de razón, comenzó a cuestionar sus creencias.
¿Qué significaba todo aquello? ¿Sería posible que un simple joven, con su fe inquebrantable, pudiera dejar una marca tan profunda incluso en un escéptico? Mientras observaba el cuerpo, recuerdos de conversaciones que había tenido con Carlo volvieron a su mente.
Las palabras sobre amor, fe y esperanza resonaban como un eco, y se vio confrontando sus propias convicciones.
La sensación que experimentaba no era solo física; era una experiencia espiritual que lo desafiaba.
Se preguntó si la muerte realmente era el final o si había algo más, algo más allá de la comprensión humana.
La duda comenzó a infiltrarse en su mente, y el médico se dio cuenta de que esa experiencia en el necrotorio podría ser un punto de inflexión en su vida.
Al salir, una pregunta quedó grabada en su mente: ¿sería posible que la fe de Carlo tuviera un poder que nunca había imaginado? La jornada de descubrimiento apenas comenzaba, y el médico sabía que su visión del mundo estaba a punto de cambiar para siempre.
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