🧨 Ayuso y Vito Quiles al descubierto: la oscura red de bulos, cuentas falsas y propaganda política pagada con tu dinero

Isabel Díaz Ayuso ha cruzado una línea que muy pocos se atrevían siquiera a bordear: respaldar públicamente a Vito Quiles, un supuesto periodista sin titulación, sin ética y con un historial de
comportamiento que rozaría lo delictivo si no estuviera tan bien blindado.
Y es que la defensa que hace Ayuso no se limita a palabras: el medio de Quiles, Estado de Alarma, ha sido beneficiario de generosos fondos públicos de gobiernos del PP.
Dinero de todos destinado a propagar bulos, perseguir a menores y atacar a rivales políticos desde el anonimato de cuentas falsas.
Vito Quiles no es periodista, sino un provocador profesional con acceso al Congreso, sin formación ni colegiación.
Pero su rol va más allá de las cámaras: ha participado activamente en actos con grupos fascistas como España 2000, defendiendo públicamente iniciativas xenófobas como la recogida de juguetes
“solo para niños españoles”.

No contento con eso, también ha hecho apología del franquismo, glorificando obras públicas del dictador mientras denigraba a los movimientos sociales actuales.
El escándalo estalla cuando se descubre su comportamiento acosador: grabar a menores de edad en manifestaciones, hostigarlos verbalmente y difundir sus rostros en redes sociales, todo bajo el
supuesto paraguas del “periodismo”.
Y si eso no fuera suficiente, se ha probado que Quiles operaba varias cuentas falsas en redes sociales, con las que se autopromocionaba como “el mejor periodista de España”, atacaba a colegas y
hasta pedía dinero simulando ser otro usuario.
Pero lo verdaderamente escandaloso es lo que lo une con Ayuso: la creación sistemática de cuentas falsas para manipular el discurso público.

La presidenta madrileña, cuando era responsable de redes sociales del PP de Madrid, trabajaba mano a mano con Alejandro de Pedro, uno de los principales implicados en la trama Púnica.
Desde un cómodo puesto fantasma en Madrid Network, Ayuso ayudaba a coordinar campañas de difamación digital contra rivales políticos utilizando identidades falsas, algunas de las cuales
empleaban incluso fotos de víctimas de accidentes aéreos.
Inmoral no, lo siguiente.
Nombres como “Octavia Julio Claudia” o “Tomás Plómez” formaban parte de un ejército digital que atacaba, manipulaba encuestas, impulsaba hashtags y generaba ruido mediático con
apariencia de espontaneidad ciudadana.

Ayuso no solo estaba al tanto, sino que, según pruebas, presumía de su trabajo con mensajes jocosos enviados a De Pedro, donde celebraban el impacto de sus operaciones.
Por su parte, Quiles imitaba la técnica con cuentas que cambiaban de nombre cada semana: “Luis Blanco”, “Jesús Gil”, “Juan Cruz”, todas utilizadas para autoadularse, lanzar bulos y atacar a
periodistas como Josué Cárdenas o Javier Negre, incluso haciéndose pasar por el propio autor del hilo que lo desenmascaró.
En una de sus farsas más ridículas, llegó a justificar su exposición alegando que su cuenta fue “hackeada”.
Un burdo intento de lavar su imagen tras haber sido pillado con las manos en el teclado.
El entorno de Ayuso también está implicado.

Miguel Ángel Rodríguez, su jefe de gabinete, fue quien orquestó un bulo que acusaba a dos periodistas de “El País” de intentar entrar en casa de la presidenta encapuchados y de acosar a vecinos.
Quiles fue uno de los que amplificó esa mentira, publicando fotos de los periodistas y desatando una campaña de odio.
Toda una operación de desinformación dirigida desde el corazón de la Comunidad de Madrid.
Pero la maquinaria no se detiene ahí.
Ayuso ha estado involucrada en otras polémicas recientes, desde su huida a Ecuador en plena crisis por los negocios turbios de su pareja, hasta el bochornoso momento en el que necesitó una
“chuleta” para escribir un mensaje de condolencia por el Papa emérito.

Mientras tanto, sigue presentando proyectos como el “Madrin”, una iniciativa de Fórmula 1 en Madrid que muchos ya señalan como la antesala de un nuevo caso de corrupción.
Y como no podía faltar el componente grotesco, Ayuso también fue vinculada con la inauguración de una sala cultural dedicada a Mario Vaquerizo, otro personaje del “circo Ayuso” cuya
aportación a la cultura es cuanto menos cuestionable.
El ecosistema se completa con figuras como Nacho Cano o Alvise Pérez, todos orbitando en el mismo universo de espectáculo, desinformación y guerra cultural.
Vito Quiles, por su parte, ha sido captado en actos de ultra derecha insultando a policías, llamándolos “criminales”, “vendidos” y “cobardes” por no actuar con violencia contra menores
extranjeros.
En uno de los momentos más delirantes, su séquito clamaba “pocos mató la ETA”, una frase escalofriante que resume el tipo de odio que este entorno no solo tolera, sino que alimenta.
Mientras tanto, los contribuyentes madrileños siguen financiando medios como el de Quiles sin saberlo.

La desinformación se institucionaliza, se blanquea desde el poder y se camufla como “libertad de expresión”.
Y lo más preocupante: se normaliza.
Porque esto no es periodismo.
Es propaganda.
Es intoxicación emocional.
Es guerra sucia.
Y lo están haciendo con tu dinero.
¿Hasta cuándo?
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