¡Tensión en el Congreso! El veterano de Malvinas Omar De Felippe explotó contra Javier Milei en Diputados – News

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¡Tensión en el Congreso! El veterano de Malvinas Omar De Felippe explotó contra Javier Milei en Diputados

El recinto de la Cámara de Diputados de la Nación Argentina se transformó en el escenario de una jornada cargada de dramatismo, memoria histórica y una profunda tensión política que caló hondo en las fibras más sensibles de la identidad nacional.

En el marco de una sesión especial destinada a rendir homenaje a los veteranos y caídos en la guerra de las Malvinas, el diputado Aldo Adolfo Leiva, representante de la provincia del Chaco y excombatiente del conflicto bélico del Atlántico Sur, tomó la palabra para dirigir un discurso vehemente, descarnado y sin concesiones que sacudió los cimientos del parlamento.

Con la autoridad que le confiere haber estado en las trincheras frente a las fuerzas británicas, el legislador peronista arremetió con dureza contra las sucesivas declaraciones del presidente Javier Milei y de los principales funcionarios de su gabinete económico y de defensa, quienes en reiteradas ocasiones han expresado una abierta admiración y justificación hacia la figura de la exprimera ministra británica Margaret Thatcher, conductora política del Reino Unido durante el conflicto de 1982.

La intervención de Leiva, ocurrida este martes 16 de junio de 2026, no fue una alocución legislativa tradicional, sino el testimonio vivo de un ciudadano que debió enfrentar los horrores de la guerra a la temprana edad de diecinueve años.

Al inicio de su discurso, el diputado chaqueño interpeló directamente al presidente del cuerpo y a las bancadas del oficialismo de La Libertad Avanza, recordando que cuando él habla de dolor, de muerte, de miedo y de tragedia, no lo hace desde la teoría académica o el análisis geopolítico a distancia, sino desde la experiencia acumulada en su propio cuerpo.

Identificándose formalmente como un soldado de la clase 1963, Leiva detalló que prestó servicios en el Regimiento de Infantería 4 de Monte Caseros, Corrientes, y que fue desplegado en el archipiélago desde finales de abril hasta el mismo día de la rendición argentina en junio de 1982.

El legislador describió con precisión la dualidad de sentimientos que atraviesa a la gran mayoría de los hombres que fueron enviados a combatir en las islas: por un lado, el orgullo indeleble de haber acudido a defender la soberanía de la patria y la bandera nacional; por el otro, la dolorosa certeza de haber sido utilizados como peones por parte de una dictadura cívico-militar genocida que se encontraba en su fase de descomposición y que intentó perpetuarse en el poder político mediante la manipulación de una causa unánimemente sagrada para el pueblo argentino.

Esta contradicción histórica sirvió como preámbulo para introducir el núcleo de su reclamo, el cual apuntó al corazón de la política exterior y discursiva de la actual administración gubernamental.

Con un tono que combinó el respeto institucional con la indignación personal, Leiva manifestó el profundo dolor que causa a la comunidad de veteranos de guerra el hecho de que el actual presidente de la nación, quien ostenta por mandato constitucional el cargo de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, exprese públicamente su fascinación e idilio ideológico con Margaret Thatcher, a quien calificó de manera categórica como una criminal de guerra.

Para el diputado del Chaco, resulta inaceptable e hiriente que la máxima autoridad del Estado argentino decida ensalzar la figura de la mandataria británica en lugar de honrar de forma exclusiva la memoria de los 649 soldados argentinos que entregaron sus vidas en las frías tierras y aguas del Atlántico Sur.

El legislador enfatizó que el dolor provocado por estas declaraciones oficiales atraviesa de manera transversal a todos aquellos que guardan un respeto genuino por la historia y la soberanía del país.

Asimismo, el discurso de Leiva desarmó los argumentos sostenidos por el Ministerio de Defensa y por altos mandos militares que intentan encuadrar el hundimiento del crucero ARA General Belgrano como un mero acto de guerra convencional y legítimo.

El excombatiente recordó con firmeza que el buque escuela de la Armada Argentina fue atacado y sumergido fuera de la zona de exclusión total que el propio gobierno de Gran Bretaña había delimitado de manera unilateral.

En consecuencia, Leiva afirmó que el ataque constituyó una violación flagrante del derecho internacional humanitario y que Margaret Thatcher debió haber sido juzgada ante los tribunales internacionales como una criminal de guerra, rechazando cualquier intento oficial de justificar o relativizar el suceso que costó la vida a 323 tripulantes argentinos.

Otro de los puntos más álgidos de la alocución presidencial y ministerial que el diputado decidió rebatir con crudeza fue la premisa de que las fuerzas argentinas y británicas se enfrentaron en condiciones de igualdad material y operativa.

Apoyándose en sus vivencias como integrante de la Compañía C del Regimiento 4, el legislador ofreció un ejemplo gráfico e inapelable ante sus pares en el recinto: mientras la sección del ejército argentino a la que él pertenecía contaba únicamente con un solo visor nocturno para todo el grupo, las tropas de infantería profesionales del Reino Unido disponían de un visor individual para cada uno de sus soldados.

A esta enorme disparidad tecnológica y de equipamiento se sumaba el hecho de que el contingente argentino estaba compuesto mayoritariamente por conscriptos jóvenes que apenas habían terminado la escuela secundaria pocos meses antes del despliegue, enfrentándose a uno de los ejércitos profesionales más poderosos y experimentados del planeta, el cual contaba además con el respaldo logístico, de inteligencia y el apoyo incondicional de su aliado histórico, el gobierno de los Estados Unidos de América.

La intervención parlamentaria de Leiva también incluyó una alusión directa a las dinámicas de desmalvinización que se implementaron tras la finalización del conflicto.

Relató que al regresar al continente, la junta militar dictatorial impuso un férreo pacto de silencio, ordenando a los jóvenes soldados que no hablaran de lo acontecido en las islas, iniciando un proceso de olvido estatal que la sociedad civil tardó años en revertir.

En un momento de interrupción en el debate, donde se mencionó el origen militar de familiares de algunos diputados oficialistas, Leiva aclaró que aunque respeta la honorabilidad individual de los oficiales de carrera, la realidad histórica demuestra que la gran mayoría de los altos mandos del ejército argentino brillaron por su ausencia en la primera línea de fuego en Malvinas.

Quienes compartieron el frío, el hambre y el miedo en las trincheras junto a los conscriptos de diecinueve años fueron los oficiales y suboficiales jóvenes de menor rango, hombres de apenas veinte o veintitrés años que debieron asumir la conducción en el campo de batalla frente al avance de la infantería británica.

Para ilustrar este punto, el diputado chaqueño recordó con gran emotividad la figura del subteniente Jorge Pérez Grandi, jefe de su sección en el Cerro Dos Hermanas, quien resultó gravemente herido durante la noche del avance final británico.

Leiva relató cómo, junto a otros compañeros de armas, cargó y trasladó el cuerpo herido de su superior para salvarle la vida, un acto heroico que posteriormente fue condecorado por el Congreso de la Nación.

Al traer a colación este episodio, el legislador buscó reivindicar el coraje compartido de toda una juventud que se plantó con dignidad ante la adversidad extrema, al tiempo que denunció de manera contundente la existencia de episodios de torturas y vejámenes infligidos por algunos superiores contra los propios soldados argentinos en el frente, un hecho que afirmó haber presenciado de forma directa y que se niega a callar.

El diputado confesó ante la asamblea que inicialmente tenía preparado un discurso de carácter estrictamente institucional y menos confrontativo, debido a su reticencia a profundizar en divisiones políticas en una causa que debiera unificar de manera monolítica a todo el pueblo bajo una misma bandera.

Sin embargo, argumentó que la persistencia de discursos oficiales que privilegian mezquindades ideológicas e intereses foráneos por encima de los verdaderos intereses de la nación lo obligaron a alzar la voz con vehemencia.

Leiva exhortó a todos los presentes a ser sumamente cuidadosos y respetuosos al referirse a un veterano, a un excombatiente o a un caído, advirtiendo que las palabras insensibles reabren heridas profundas que acompañan a los sobrevivientes desde la finalización de la guerra.

Hacia el cierre de su intervención, que fue seguida en un absoluto y respetuoso silencio por gran parte de las bancadas y coronada por un cerrado aplauso desde diversos sectores del recinto, Leiva delineó el que, a su juicio, constituye el mejor homenaje posible para los héroes de Malvinas: continuar la lucha inclaudicable por la construcción de una Argentina verdaderamente soberana.

El legislador definió este ideal como una nación que proteja y defienda con firmeza los recursos y los intereses de todos sus habitantes, que abrace y asista a los sectores más vulnerables de la sociedad, que dignifique la labor de sus docentes y educadores, y que recupere de manera definitiva el prestigio y la centralidad democrática de su parlamento.

Concluyendo con una reflexión de índole personal, el diputado chaqueño señaló que mientras los cargos legislativos y los títulos políticos son transitorios y duran estrictamente lo que establece el mandato popular, su nombre de pila y el inmenso honor de haber acudido a defender a la patria en el campo de batalla son las únicas dos realidades que lo acompañarán hasta el último día de su existencia en este mundo.

Afirmó con convicción que la sangre derramada por los 649 héroes nacionales en las islas Malvinas no fue en vano, ya que su sacrificio histórico actuó como el detonante definitivo para la recuperación de la democracia institucional en la República Argentina en 1983.

Finalmente, invitó a todos los miembros de la Cámara de Diputados a elevar de manera conjunta un fuerte grito de “Viva la Patria”, con la intención simbólica de que la voz unida del parlamento cruzara el océano Atlántico y llegara hasta el cementerio de Darwin, transmitiendo a los caídos el mensaje eterno de que la nación que defendieron jamás los entregará al olvido.

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